07/11/2022
Era el año 1958... recuerdo a mamita levantarse antes que el sol.
Me impresionaba mucho todo lo que hacía a esas horas, pues sus pasos, el sonido en pareja de las tapas y las ollas además del silbido de la cafetera ya delataban lo que hacía.
¡La verdad! No me molestaban los ruidos, estos eran canciones para mis oídos dia tras dia.
Me avisaban que cuando saliera de la habitación encontraria un delicioso desayuno lleno de entrega, cariño y mucha energía.
Lo que no pasaba por mi mente, era que ese día conocería algo que cambiaría mi vida.
Después de acabar con mi desayuno y verla alistar todo como un soldado yendo a la armería.
Se acercó y me dijo...
"hijo lava por favor los platos donde comes rápidamente que hoy conoceras como llevar felicidad a los hogares con un toque de esfuerzo, dedicación y mucha alegría".
Recuerdo que ella no terminaba de hablar. cuando corrí hacia el lavaplatos a cumplir con lo ordenado. Quería saber de inmediato de que se trataba así que me diriji hacia el patio de la casa donde ella me esperaría.
No fue necesario verlo enseguida pues el aroma que venía hacia mí de la parte trasera de la casa, hacia que mi boca se hiciera mantequilla.
La primera imagen que llega a mi memoria de ese momento es el tamaño de la paila, era tan enorme que me imagine que nadaría ahí todo el dia😅.
Mi tía ana y mi mamita mezclaban sin descanso y vi el fuego arder casi creí que las quemaría.
Cuando pusieron su atención en mi, sonrieron y me dijeron "ya eres parte del equipo" ahora ve toma esa pala de madera y no dejes de moverla hasta que el color caramelo de la pala sea uno con el de la leche. antes de terminar el dia.
Me emocione mucho y empecé con toda la energía que me caracteriza, tenía que ver con mis propios ojos todo lo delicioso que de esa mezcla saldría.
Luego de unas horas y de mucho cansancio, pude sentir un olor increible, ademas de ver como la pala se perdía en el color de esa mezcla tardía.
Escuche a mamita decir "listo hijo terminamos ¡mi alegría fue inmediata!😁 quería deleitarme con eso tan mágico que haría felices a las personas que lo probarían.
Espere que esa paila tan enorme estuviera vacía y empecé a rasparla con mi cuchara, no tengo palabras para describir todo lo que mi cuerpo llego a sentir ese dia.
Pero ahora después de 72 años me doy cuenta de lo que ella me decía.
Que con un solo bocado de esa receta inigualable era mucho el amor, el cariño, la felicidad que se entregaría.