12/05/2026
Vais a pensar que estoy como una cabra y vais a pensar bien pero voy a que contarlo porque es que hoy mi padre, que murió hace casi 7 años, me ha enviado a un señor con el destornillador que necesitaba, en el momento justo, el destornillador exacto.
La llamamos tiendita con “encanto” pero lo cierto es que la dicha* está hecha de retales, de maderas crudas, muebles recuperados y, aunque me gustaría comenzar en el nuevo espacio con novedades a todos los niveles, lo cierto es que va a seguir tocando adaptar, remendar y desmontar para volver a montar de modo que encaje.
Y en esas estaba esta mañana, desatornillando para limpiar a fondo una pieza de segunda mano en la que dos tornillos, pasadísimos de vuelta, se negaban a dejarme desencajar el último cristal para rematar.
Lo he intentado todo eh. Álvaro ha traído el equipo del destornillador eléctrico bueno, he usado lubricante, una gomilla, he llorado un poco, he googleado, he maldecido y como traca final, me he acordado de mi padre.
Que no es que fuera EL MANITAS pero en momentos así suelo recordar lo bien que se le daba solucionar en un plis este tipo de asuntos. Siempre respondía al teléfono, siempre sabía a quien llamar y lo llamaba al momento. Y listo. Y a otra cosa.
No era el mejor estando siempre pero sí en los momentos clave. Por eso cuando al borde del CIERRO LA TIENDA DE VERDAD ME DUELE TODO NO PUEDO MÁS ha aparecido en mi puerta un hombre cargado de herramientas preguntando por la calle Sta Catalina 2 y le he dicho que no era allí pero que si podía ayudarme con algo y me ha contestado que sí, me he vuelto de repente creyente en el más allá, en la energía, el karma y los ángeles de la guarda.
Ha sacado el tornillo, ha quitado el cristal, lo he celebrado efusivamente, le he regalado chocolate rico, ha pensado con razón que estoy colgada y se ha ido a seguir buscando el 2 de la calle Sta Catalina.
Gracias, papá.