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16/09/2024

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Nunca se había detenido tanto tiempo a apreciar la rareza evolutiva de los humanos hasta que se vio a sí mismo como el único animal a punto de ser consumido por el entorno, de pronto, la sensación de peligro ante una bestia sin consciencia le llenó de miedo.

Un monigote forrado de cuero y pana, cuya carne temblorosa es igual a la de toda vida mamífera a merced de una helada histórica, los perros desaparecerán de las calles, convertidos en témpanos, los vagabundos correrán la misma suerte. Elijah es solo un hombre que a pesar de su considerable peso todavía lucha contra un ventarrón apuntando en su dirección.

TORMENTA DE NIEVE: No deberías estar aquí. Viejo, solo, hambriento, la enfermedad vendrá por ti, el vacío roba primero la temperatura, después el color, despertarás en una tierra sin sol, debes ir con los tuyos, debes escapar de mis brazos.
Las banderas afuera de los negocios se agitan y se arrancan, las láminas sobre las casas salen volando, los pocos árboles en pie despertarían completamente inclinados.

El viaje desde su granja hasta la zona comercial nunca fue tan largo, fiándose únicamente de las cadenas para nieve que le darían solo un poco de tracción en el camino, la parte en la que no podía permitirse derrapar o frenar sería cosa de que no perdiera la calma.

PERCEPCIÓN: El frío te amenaza desde afuera, una bruma completamente blanca empaña el parabrisas gracias a tu respiración desde el interior, escuchas ese pequeño silbido de la congestión, una bocanada de aire helado entró en tus pulmones en el momento que saliste de casa, Artemy gritaba, no recuerdas bien qué decía, pero no estaba enojado precisamente. Estaba preocupado, sabiendo que pronto anochecería y que los vientos solo empeorarían, que su pobre vista solo lo pondría en más riesgo y que, a pesar de sus protestas, tú eres el que tiene los huesos para soportar el frío. El ardor en el pecho persiste, una naciente frialdad en los cartílagos de la nariz.
MUNDO INTERIOR: En el camino, una nostalgia inconsolable se apodera de ti, mientras ves tu departamento hacerse cada vez más pequeño, hace pocos años que te mudaste con Artemy, sin tener intenciones de atesorar nada de tu vieja granja, solo llevaste lo esencial pues gran parte de las cosas en este nuevo vinieron de un meticuloso proceso de curaduría orquestado por él.

Las fotos son todas nuevas, los álbumes de tus casos están en mejores sitios para guardarlos, te acondicionó una esquina como escritorio, te deja pegar afiches en las paredes e imanes en el refrigerador, usa una prensa de lata para preparar café, tiene dos pares de anteojos, duerme pegado a la pared, y siempre toma mucha más manta de la que su flacucho cuerpo necesita. Siempre despierta a tu lado, deja una mano sobre tu pecho, a veces tú lo rodeas con tu brazo. Podrías estar con él ahora, arropados, esperando al final de la tormenta.

COORDINACIÓN MANO-OJO: Pegas volantazos tratando de esquivar las placas de hielo que han aplanado el camino, frenas de tanto en tanto temiendo que una mala carrera afloje el agarre de los frenos, donde una de las ruedas toque una superficie demasiado plana no podrás hacer la tracción que necesitas para avanzar, no será posible siquiera estacionar el auto. No puedes ver más allá de dos metros por delante del auto. Has decidido que conducirás con la víscera, los ojos están quedando obsoletos.
ESCALOFRÍOS: Tus manos se ven pálidas, puedes sentir cómo van perdiendo algo de circulación, las articulaciones te duelen, el azote del frío te espera afuera, tú solo buscas el letrero de neón verde de la botica. Antes era donde conseguías dr**as suaves. Un poco de la vieja "calma-quietud-patria-cordura", pastillas para dormir y para despertar, para cuando no ibas muy forrado o te sentías enfermo. El recuerdo te seca la boca, *olvidabas que esas cosas curaban males reales y no los tuyos, males fantasmales*.
MUNDO INTERIOR: Solo un ma***to loco saldría en estas condiciones. Pero esa no es la razón por la que haces esto, María, la pequeña María, empezó con una molesta fiebre desde la mañana, no se quejaba mucho, no se hubieran dado cuenta si tú fueras mucho más indiferente, pero no te puedes separar de esa niña. Desde que despierta hasta que se duerme la llevas pegada a ti, como una madre marsupial con su cachorro, como si abasteciera su energía de ti. Es pequeñita, a sus 4 años, sabes que los demás niños son un poco más grandes. María es una ratoncita de casa, con una nariz de botón y cabello sumamente esponjoso, la más ligera fiebre la hizo languidecer espantosamente.

Lo que pintaba para ser un día de mimos en los brazos de su padre se tornó preocupante, lo notaste por el cambio de color en su cara.

ENCICLOPEDIA: La fiebre en los niños tiene una particularidad, tiende a subir, sube espantosamente porque sus cuerpos siguen sin experimentar el mundo del todo. Se quejó de dolores de cabeza y no fue capaz de retener alimento gracias a las fuertes arcadas que una tos perruna le provocaba. La fiebre se elevó rápidamente, no importaba cuánto hicieran tú y Artemy por bajarla. Necesitaba medicina de verdad.
PERCEPCIÓN: Tu cara se ilumina con el tono verdoso de un letrero roto cubierto por el avispero blanco que se tragaría Jamrock tarde o temprano, los cristales de hielo se te meten bajo la piel, los sientes cortándote los nervios, con un encendedor haces lo posible por recuperar el calor de las manos y entras al sitio arrojándote contra la puerta.
UMBRAL DE DOLOR: Eres un muñeco de carne derrotado por la nieve, llorarías por una hoguera en este momento. Pero la debilidad del frío no puede distraerte de que María está en casa con tres mantas protegiendo su cuerpo sobrecalentado y adolorido, contraído en una fuerte tos que la debilitó en pocas horas. El dolor es devastador, lo sientes en ti como si también hubieses enfermado.
TORMENTA DE NIEVE: Me llevaré a tu hija.
INSTINTO: Tienes que ayudarla, pero no hay nada curativo en tu presencia, no hay nada en casa que pueda ayudarla, haces mucho más por ella aquí afuera, pero debes regresar, debes hacer lo posible por regresar.

El anciano al otro lado del mostrador vociferó en un fuerte acento Semenés, ofreciéndole un puño y una injuria hacia su madre, muy seguro de que le despacharía algo para la acidez estomacal y algo para ser un tipazo tres horas seguidas.

— No, Dwayne, no vengo por eso, ¿qué le darías a una chiquilla como de este porte...? — haces una serie de señas dimensionando el tamaño de María sobre el mostrador — de unos cuatro o cinco años, es que tiene una fiebre espantosa y una tos que me está preocupando — Super papá al rescate.

Tu progenie es lo de menos, es el carácter lo que se juzga en este mundo. Tú tienes mucho carácter, siempre has tenido la sensación de que llegaste a este mundo para convertirte en padre. SUPER PAPÁ es como el SUPER POLICÍA, pertenece al fin de los tiempos, tiene sus propias métricas y sus propios métodos. Es la tormenta, el incendio, es todo lo que sea necesario ser. Pero por encima de todo, es un hombre sobrio.

SUPER PAPÁ: María está en peligro, tienes que solucionarlo ahora mismo. Tienes unos cincuenta reales en el bolsillo, con ello podrás comprar la medicina, usa agua caliente para ayudarle a dilatar los pulmones, el Lazareth dijo que los adultos solían hacer mecanismos de protección mucho más independientes, pero un niño apenas está aprendiendo cuáles son sus límites, sus cuerpos no distinguen amenazas grandes o pequeñas, todo es mortal. Lo que fue una simple tos de invierno podía convertirse en neumonía muy rápido. Necesita comer mucha fruta y beber más líquido, necesita permanecer en cama, tú cuidarás bien de ella, Artemy lo entenderá.

— Vaya, vaya ¿ya te amarraron con una cría? Los pobres niños están enfermando mucho con estas nevadas… es mala suerte que le tocara a la tuya —las botellas de remedios y depósitos de pastillas repartidas detrás del mostrador hacían una especie de transparencia verdosa y opaca, ninguna luz podría realmente iluminar ese lugar. Sabe bien que una hija tuya, en la circunstancia que sea, tendría que ser muy pequeña. La gente que tiene un antecedente tuyo sabe perfectamente que no estás criando a un hijo de Dora.

SUPER PAPÁ: Cada persona necesita encargarse de mantener con vida a los hijos que decide engendrar, tú soñaste con la existencia de María, le juraste a Artemy que era algo que él no podía entender.

MUNDO INTERIOR: Dijiste que podrías haberla dado a luz si eso tuviera sentido. No lo tenía. No fueron las palabras más cuerdas que han venido de ti.

— Me amarré yo solito, soy un tipo con iniciativa — no suenas demasiado involucrado en la tragedia, te resistes constantemente a creer que eres otro desafortunado padre que tiene que esperar a una camilla libre en el hospital, no vas a llevar a María a quedarse solita entre un montón de niños y adultos moribundos, sabes que en ese hospital la gente solo va a enfermarse hasta que no existe antígeno en el planeta que les pueda hacer algo

Tu hija no será uno de ellos, se curará en casa, va a ver tu cara todo el tiempo.

EDIFICIO DEMOLIDO: Un orfanato de la Orden Doloriana de las Hijas del Silencio cayó a finales del otoño pasado, los oficiales a cargo decidieron llamar a tu unidad, y a pesar de lo trágico de la situación, escuchar que eras nombrado como un elemento de apoyo necesario te levantó la moral. Te entrenaste como especialista en edificios y ocupaciones humanas. El orfanato estaba casi vacío, las columnas se fueron haciendo porosas gracias a un fenómeno químico con el que has soñado muchas veces. María era una de los niños que se quedaron solitos en ese edificio, nadie los cuidaba, nadie los alimentó, tenía días sin recibir el sol, de no ser por ti, ella seguiría en estos muros, esperando, tiritando, ya habría mu**to.

TORMENTA DE HIELO: Los demás niños morirán pronto, la palidez se los llevará, dormirán tranquilamente en mis brazos, correrán rápido como el huracán, serán uno con todos los sueños y promesas de este mundo.

— Ya me lo temía, bueno, en caso de que la criatura pueda recibir dosis constantes, yo le daría esto, limpiará sus pulmones y evitará que haga inflamación, le daría dos gotas de esto diariamente por una semana, para echar a trabajar las defensas y muélele estas píldoras en su leche, por si siente dolor —el hombre empezó a tomar varios frascos con marcas en las tapas y fue repartiendo pequeñas porciones en empaques de cristal sellados al vacío.

ENCICLOPEDIA: Tienes un antinflamatorio, un analgésico, un jarabe de codeína (María se reirá mucho y tendrá largos periodos de sueño tomando esta cosa). Ahora tu único deber es monitorear religiosamente la fiebre, el termómetro tendrá que sobrevivir la noche.

— ¿No le hará daño?
— Más daño le hará que no le bajes la fiebre, usa paños frescos y tómale la temperatura cada media hora — te miras el reloj, tienes demasiado tiempo lejos de casa.

RELOJ DE MUÑECA: Pronto serán las ocho, el cielo está completamente negro, la única iluminación que tendrás en el camino serán los faros del auto. Artemy te recomendó usar reloj siempre que salieras de casa, dado que tu sentido de ubicación en el espacio tiempo no ha logrado recuperarse y este reloj señalaba horas y días simultáneamente.
SUBMUNDO CONYUGAL: También es un obsesionado de los aparatejos, y cuando logra conseguir alguna cosa mecánica que le parece útil, quiere compartirla contigo, eso te pasa por elogiar las modificaciones que le hizo al kineema, la cámara de instantáneas, los autos de carreras o los aviones de guerra. Te adornó con una máquina que le parecía asombrosa, este reloj es como un anillo de compromiso. No vas a desistir en la idea del anillo, pero pensó que se compraba algo de tiempo dándote este obsequio. Pobre Artemy, subestima lo terco que eres.

— Oye y... ¿No tienes algo para dejar de fumar? — suenas como un adolescente avergonzado por un segundo.
— Uhm... — luce confundido, como si acabaras de pegarle una gran desilusión de la que está muy agradecido — Hay parches de nicotina, te tendrán tranquilo sin todo el humo —las medicinas son algo costosas, así que desembolsas algo de dinero extra para estos parches tan especiales. El paquete viene con cinco, indicados como parches de nicotina de liberación prolongada, aparentemente, uno puede durar hasta tres días, como si fueras prendiendo ci*******os cada hora. No quieres irritar la nariz de María por ahora.

ESCALOFRÍOS: Cuando sales de la tienda con una bolsa de plástico en las manos como si fuera la vida misma te sientes aún más pequeño (el jamrock shuffle corriendo por Martinaise, casi cae la noche, aún debes el hospedaje... Artemy no está aquí).
MUNDO INTERIOR: Nunca extrañaste tanto a Artemy como ahora, parado a la mitad de una negrura impenetrable, compartida por las sombras de ráfagas blancas que se levantan con el empuje cansado del viento, las farolas averiadas te dejan ver fantasmas, a lo lejos el fulgor mortal en la frontera de la materia, más allá del mar y la tierra. La Palidez desprende un velo ma***to. Tú notas que estás tratando de sostener una mano que no está ahí, la soledad de la calle, la inmensidad de la noche, las farolas debilitadas, la energía eléctrica desvaneciéndose poco a poco del barrio: podrían caminar tomados de la mano, aquí, en un entremés del fin de los tiempos, y estarías bien. Estarían bien los dos.
PAPÁ DEL APOCALIPSIS: Construye un fuerte impenetrable, ármate hasta los dientes, corónate emperador de otro mundo, invéntate cuentos infinitos, documenta la caída de tu propia identidad, vuélvete custodio de las puertas del in****no, construye la realidad del exterior con tu imaginación, dile a María que el mundo es perfecto, que es bueno, que vivirá para verlo. Porque lo hará.
ESCALOFRÍOS: Hace muchísimo frío, a pesar de que la calefacción permanece encendida, Jamrock se cubrió de una pesada nevada por varios días que paralizó los caminos y robó las radioseñales de sus receptores, ahora la comunicación del mundo solo existe en la nieve, su ley, su voz, todo lo que existe es pura nieve. Los teóricos del estudio de La Palidez advirtieron hace mucho tiempo que una vez alcanzara determinados hemisferios temporales, el invierno duraría tanto que se colaría en las venas de la primavera, que infectaría al verano con sus colores, nunca nos libraríamos de la nieve. Seríamos parte del eterno blanco.
RETÓRICA: Claro, que aquellos eran los entroponautas mucho más experimentados, los que recibieron el entrenamiento del espíritu y la mente, la de Elijah se ha roto. Es imposible ahora que pueda navegar hacia el infinito blanco por una cura para esa horrible fiebre, tocaba ser hombre de fe, aferrarse a su familia como un altar y conferir su destino a ellos.
COORDINACIÓN MANO-OJO: el volante se pone súbitamente flojo, una parte del camino está cubierta de hielo, el auto ya no te pertenece.
CONECTIVIDAD: El freno de mano no responde, tampoco los frenos de emergencia, en un volantazo que diste intentando no estrellarte contra un poste, terminaste atorado en un enorme cúmulo de nieve, las ruedas no ejercen ninguna tracción, no importa cuánto intentes forzar el motor, el auto no va a moverse, no hay nadie en el camino. Las luces también consumen batería.
UMBRAL DE DOLOR: Golpeas el volante con frustración, tus manos duelen con una punzada en todas las uniones.
ESCALOFRÍOS: Sabes que estás expuesto, vulnerable al frío y a *La Palidez*. Apodérate de tu mente, hombre, no dejes que te toque.
VOLITION: Es aquí donde te corresponde ser un hombre de fe.

Dolores Dei no permitas que La Palidez me lleve, no dejes ciego a Artemy, cura a mi hija, cúrame a mí, hazme bueno, hazme fuerte, hazme joven, dale un beso a Artemy de mi parte, qye María pueda estudiar la universidad, que no le disparen a Cunno, que Revachol sea libre.

PERCEPCIÓN: El auto se agita súbitamente, como si algo lo hubiera golpeado, cuando miras hacia atrás, la figura de una mujer empuja el auto, no alcanzas a verle la cara, tampoco logras abrir la puerta para salir a hablar con ella. Solo escuchas su voz rompiendo el estruendo del viento.
MUJER DE LA CARRETERA: ¡Usa el freno y acelera en primera! ¡Acelera!
CONECTIVIDAD: Claro, Artemy te enseñó que para salir de una situación así, más vale perderles consideración a los frenos. Poco a poco el volante recuperaba tensión y una vez pudiste reincorporarte al camino, el reflejo de cualquier persona o cosa en el retrovisor desapareció por completo.

ESCALOFRÍOS: El silencio se hizo una madre, le ha rezado en secreto desde que volvieron de Martinaise, ha pensado en volver alguna vez, pero el frío se apoderó de esta temporada con violencia inexplicable. Fue el primer invierno que María pasó con ellos.

Su chaqueta de cuero es capaz de proteger sus huesos de perro viejo, las botas que llevan no son adecuadas para el suelo cubierto de cristales blancos apelmazados en una masa grisácea, sucia de aceite de auto y grava, hace lo posible por mantener el hielo lejos del motor con puñados de sal cada tanto kilómetro, sus dedos se sienten entumidos, y de algún modo esa misma rigidez se está trasladando a su cerebro. Elijah había leído de estos inviernos hace mucho tiempo, el aullido de La Palidez reclamando un sacrificio, pero la información que despertó un interés sórdido en un niño no podía ser el motor de un adulto.

ENCICLOPEDIA: Los Exploradores de La Palidez han advertido sobre la necesidad de mejor conectividad entre las ciudades, la necesidad de personas más jóvenes ingresando, naves mejor equipadas, expediciones de mayor densidad. Nada de eso trascendía. Tú fuiste niño en la época donde era posible ser reclutado para cruzar hasta Mesque dentro de la Palidez, llegaste a pensar que verías el otro lado algún día. Ahora no es necesario, ella viene a ti, viene por ti. Eso, o el mundo terminará por derretirse este verano, por mera relación directamente proporcional a la crudeza de este invierno.
COORDINACIÓN MANO-OJO: Cuando entras al cobertizo de la granja, haces lo posible por mantener el frío afuera, deslizando tu corpulencia por la menor distancia posible entre la puerta y el marco. Artemy siempre te estuvo esperando, con las manos enguantadas y un gorro de lana sobre su cabeza, te acercas a darle un beso, pero tu cara no responde, no puedes moverla.
CONECTIVIDAD: Las llaves te pusieron las manos rígidas, tus brazos están escarchados, no sientes la cara, no puedes moverla, solo sonríes con alivio y te das cuenta de cuánto te duelen los dedos, dejas la medicina sobre la mesita de la entrada. Hacemos lo mejor posible por protegerla.
EMPATÍA: Solo frotas la nariz contra la de tu pareja (en sus palabras). Es cálida, la tuya está roja como una cereza, te toma del rostro, notando las quemaduras de frío en tus mejillas, no recopilas palabras, él suspira: le preocupaste muchísimo. Se aparta de ti para dejarte trabajar.
ELECTROQUÍMICA: Qué feo que no nos den siquiera un besito por semejante hazaña heroica.

— Hola, mi amor ¿cómo te sientes? — entras a la recámara principal, arropada y rodeada de mantas y cobertores, María asoma su carita redonda para ver llegar a su padre. Tu cara se ilumina, ni siquiera recuerdas lo que te recibió allá afuera.
— Me congelo — se queja tomándose los brazos con fuerza, está temblando, pero su cara sigue sintiéndose caliente, no podían determinar si necesitaba un baño helado o más mantas, porque a pesar de la temperatura ella expresaba estarse muriendo de frío.

TORMENTA DE NIEVE: Es porque estoy viviendo dentro de ella, Elijah ¿puedes verme? He encendido sus pulmones, los he llenado de agua, pronto esa agua se infectará, no podrás hacer nada. Si pegas el oído a su pecho, estoy ahí.
VOLUNTAD: No escuches, sabes que esto no ha avanzado tanto, tiene pocos días y no te has despegado de ella, solo deben aguantar unos días, pronto las carreteras se habilitarán, si necesita tratamiento en otra parte encontrarás un modo de dárselo. Esto no escapa a tu control, la evolución ha conquistado a la muerte, tú no negocias con la muerte.

— Ya sé, amor, pero necesitas destaparte un poco — haces lo posible por descubrirle el cuerpo, y Artemy se apresura a traer paños húmedos que colocarle en el estómago y la frente, se ve debilitada, tiene buen peso y buen color, desde que vive contigo ha comido bien tres veces al día, dormido en una cama caliente, tenido cuentos para dormir y todos los juegos que se te pueden ocurrir.

SUPER PAPÁ: Fuiste diseñado para esto.
EMPATÍA: Artemy tiene las ojeras hundidas, parece que tiene demasiadas horas sin poder dormir, tú puedes con eso, hiciste una mala costumbre, pero a Artemy una mala noche le pasa factura muy rápido. Lo tomas del hombro, le pides que vaya a descansar, pero es un intento fallido.

— Hice todo para bajarle la fiebre, pero no deja de temblar.
— Lo hiciste bien, ya se ve menos roja, ¿ha vuelto a vomitar? —mantiene sus ojitos cerrados, en cuanto percibe que son tus manos las que la manejan como una muñeca de trapo, hace lo posible por saludarte, pero ni tú ni Artemy parecen notarlo, es como si mirara, desde un lugar muy lejano, a dos hombres de edad algo avanzada enfrentándose a una cosa muy poco familiar: la inexperiencia.
— No tiene nada en el estómago, solo… Tiene un silbido en el pecho — Artemy toca el pecho de María, palpando donde su cuello proyecta un pequeño hundimiento de piel en el acto de inhalar el aire de regreso. Significa que algo se está contrayendo demasiado, el aire no está pasando adecuadamente.

ENCICLOPEDIA: Una tos perruna de días que empezó a ser productiva apenas el día de ayer, podías escuchar el contenido, una fuerte obstrucción húmeda rasgando el pecho de tu hija, haciéndole sonar mucho más fuerte cada vez que hacía el esfuerzo por expectorar, los reflejos del asco no pudieron soportar tanta estimulación, le es muy difícil retener alimento.

— Oye, está bien, los niños se enferman siempre — haces lo posible por reconfortarlo, pero él parece mucho más relacionado con las tragedias que tú. Incluso así, tú te ves mucho más tranquilo.
— No aislados por la nieve.
— Hey, todo bien, su papá fue por medicina, María, ven, vamos a darte algo de comer ¿quieres? — haces lo posible porque se siente, pero Artemy te detiene, acomodando varias almohadas tras ella para evitarle cualquier esfuerzo innecesario, un plato de sopa en la mesita de noche tiene varias horas enfriándose, y con el poco gas que queda, tu compañero intenta calentar suficiente para los tres, las chispas de la estufa emiten un repiqueteo similar a la descarga de un rifle de repetición, la flama azul de una de las parrillas es mucho más luminosa que esa bombilla parpadeando en el techo, intentando luchar contra la pronta muerte de todos los generadores de la zona, y posiblemente de Jamrock. Todos en la 41 tienen a alguien a quien cuidar, nadie tuvo que recordarle a su colega que no fue a trabajar.

SPIRIT DE CORPS: Al otro lado de Jamrock, los oficiales colegas tuyos se llevan las manos a la cabeza, Judit cuida de sus hijos, Jeanette es una buena hermana, intenta que sus hermanos no se asusten, aunque es la menor y apenas tiene la dicción necesaria para darse a entender,

— Tranquila, cariño, aquí estoy

PERCEPCIÓN: La luz se extingue por completo en el edificio, toda la cuadra se ha quedado en total oscuridad, María llora más fuerte, la tos se estimula más y cada vez que tose, el dolor le hace quejarse sin entender cómo encontrará escapatoria.
EMPATÍA: Ha intentado dormir toda la tarde, está completamente agotada. Tú también lo estás, quisieras poder absorber la enfermedad, es algo que te has ganado, puedes soportarlo ¿por qué ella?

— Iré por las velas —Artemy se queda recostado junto a María, haciendo lo posible por administrarle la medicina a pesar de no ver prácticamente nada. Solo tienen unas pocas velas, suficientes para distinguir siluetas en la oscuridad, la luz cálida de una enmarca los rostros de tu esposo y de tu hija, los dos peleando contra un mismo problema.
— Tengo miedo — confiesa la pequeña, en su total transparencia.
— Solo es una tormenta, amor — la acomodas contra tu pecho, observando la medicina sobre la mesita de noche, no vas a dormir porque necesitas asegurarte de que esa cosa podrá adormecer el reflejo de su espantosa tos, en una cama matrimonial, los tres se apelmazan como una camada, el frío se apodera de ti, pero Artemy, al ser más delgado, solo se acurruca contra ti, sosteniendo la mano de María en una muy considerada manifestación de su ansiedad.

— Hay algo afuera.

TORMENTA DE NIEVE: Ella me conoce, vine a este mundo a su lado, soy su madre, su cuerpo está colmado de pequeños copos de nieve y luces del faro, la pureza dentro de ella tiene una naturaleza demoníaca. Deja que salga a bailar conmigo.

MUNDO INTERIOR: Artemy te mira, puedes leer el profundo agradecimiento en sus ojos. Poco a poco María se fue quedando dormida gracias a la codeína del jarabe.

— Llamé al Lazareth de la 57 para recibir instrucciones, dijo que no hay mucho que hacer, sin equipo en los hospitales, solo debemos controlar los síntomas y esperar que su cuerpo resista — la voz de Artemy se oye diferente.

EMPATÍA: Aprovechó el tiempo que pasaste fuera para llorar de miedo por la vida de María, en el silencio que los dos comparten, ese pequeño silbido no se va. Toma tu mano, quiere que le entregues algo de fuerza.

— Lo hará, Artemy, lo sé.
— Esas cosas de la fe te las dejo a ti, Elijah.

VOLUNTAD: Puedes hacer eso, puedes tener fe. Tú eres más grande que la tormenta.

19/08/2024

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No es propio de él llegar tarde a una escena del crimen, casi sintiendo que una fuerza externa lo retenía con creces para no hacer acto de presencia. Cuando descendió del asiento de copiloto de aquel coche-patrulla que fue a buscarlo por su casa, lo primero que agobió sus sentidos fue el hedor. Sí, el mal olor es propio de cualquier escena del crimen que se precie, en especial cuando los móviles no llegan a tiempo y los cuerpos han empezado a despedir ese hedor tan nauseabundo. Pero flotando en el aire, entre las estrellas de esa fría madrugada de enero y las parpadeantes luces azules y rojas de los automóviles, podía sentir la presencia de otra cosa.

— Es un as*****to de lo más extraño -en el estado de Washington, quién estaba al mando de esa sub-división era una mujer llamada Amanda, con el cabello color granate sujeto en un apretado rodete y expresión cansada. Seguro ha visto más carnicerías que el ser humano promedio, y parece estar contando los días para al fin jubilarse- nuestros forenses apuntan algo que a mí no me hace ningún sentido, por eso te llamé y perdona la hora, por cierto. Sobre todo con este frío.
— ¿Qué no te hace sentido?
— Bueno...según la opinión de los tres, en primera instancia...parece que la hija de la familia fue quién asesinó a sus padres y a su hermano.
— ¿Y por qué sería extraño?, el parricidio no es imposible.
— Porque la niña tenía cinco años, Elijah.

Cinco años. “Willow también tiene cinco años” pensó, y la mera comparación le heló la sangre, inclinando apenas la cabeza mientras Amanda elevaba la cinta neón que delimitaba el acceso a curiosos, aunque a aquellas horas y con ese frío duda mucho que cualquiera se atreviese a salir a curiosear.
Amanda le explicó que la sangre empezaba desde la habitación matrimonial y el cuarto del bebé, hermano menor de la niña en cuestión, pero los as*****tos ocurrieron en la sala de estar... Y no hacía falta ser una mente maestra forense para adivinarlo. Todo estaba hecho un desastre, con sangre salpicando las paredes, ríos del líquido escarlata inflando la tela fina de la alfombra en el suelo. Los dos cuerpos mayores, de la madre y el padre, estaban tirados uno sobre el otro y no habían sido movidos. Ambos presentaban aberturas amplias en sus pechos, con las entrañas cayendo, y lo más probable era que hubieran mu**to desangrados entre terribles sufrimientos. El cuerpo del bebé, que no llegaba al año de vida, estaba colocado en el candelabro encima de sus cabezas, goteando hacia abajo.
— Aun no hemos encontrado su cabeza por ninguna parte —exhaló la mujer, y Elijah pronto dejó caer la mirada sobre el último cuerpo: la niña.

“Elizabeth” según el reporte que le extendieron, de cinco años. Cumpliría seis a finales de año... Eso si siquiera con vida. Estaba recostada contra la pared, la cabeza hacia atrás, y unos cortes circulares y profundos alrededor de su cuello, como si alguien la hubiera matado hundiéndole los dedos.

— Los forenses la examinaron, dicen que se hizo eso a sí misma pero, ¿en qué cabeza cabe? —oyendo las palabras de su superior, el hombre rodeó la mesita del café, acercándose más al cuerpo de la niña. Uno de los detectives tomó una fotografía, y el flash de la cámara los iluminó a todos por una fracción de segundo.
— una niña de cinco años no tiene la fuerza suficiente para hacerse algo así, ni siquiera en un ataque de ira. Mi nieto tiene siete años, y ni siquiera él sería capaz de hacerse algo así.
Él asiente con la cabeza una vez, solo para dejarla tranquila. Sabe que los seres humanos entran en una suerte de enloquecido trance al hacerse frente a algo que no comprenden, y ese parecía ser uno de esos casos. Si prefería creer que un asesino maniático los había asesinado a los cuatro y darían carpetazo con esa idea en mente, mejor así. Las explicaciones lógicas son las mejores para las mentes mortales.

Pero Eijah sabe que no es así.

De las aberturas en el cuello de esa niña, desde los agujeros, brota un hedor pútrido que le retuerce las entrañas. Un aroma repugnante pero, lamentablemente, conocido. Sabe que la niña sí que tenía las fuerzas suficientes como para asesinar a sus padres, a su hermano menor y, finalmente, a sí misma. Lo sabe porque comprende que alguien más la ayudó, alguien movió las batutas de ese cuerpo y, cuando ya no le hizo ninguna falta, ese mismo cuerpo se encargó de “finalizarla”.

La pobre Elizabeth había sido poseída.

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