Fito/ Fe y Mentalidad

Fito/ Fe y Mentalidad Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Fito/ Fe y Mentalidad, Calle 9a #412, Ciudad Guerrero.

30/04/2026

¿Qué significa la salvación? ¿Y qué implica caminar bajo la gracia que recibimos a través de ella? La salvación no es solo un momento puntual de fe; es la obra completa de Dios que transforma cada área de tu vida.

A través de la fe, la obediencia y la obra renovadora del Espíritu Santo, tu espíritu es vivificado, tu corazón es limpiado y tu alma, el lugar de tus pensamientos, emociones y voluntad, es restaurada en armonía con Dios.

Cuando entras en su gracia, dejas atrás tu antigua vida y comienza una nueva. En ese acto de fe, tu “cuerpo de pecado” muere y naces a una nueva vida en Cristo, cambiando tu ciudadanía de la tierra al cielo.

Rodolfo, desde ese momento comenzamos un nuevo camino: aprendemos a permitir que la presencia misma de Cristo (su gracia) gobierne nuestro mundo interior.

La salvación del alma se expresa en esta renovación diaria, donde tus pensamientos comienzan a alinearse con la verdad, tus emociones se rinden a la paz y tu voluntad se somete a la de Jesús. No es un esfuerzo de superación personal; es el desarrollo continuo de lo que comenzó cuando fuiste unido a Cristo.

Cada día trae oportunidades para elegir su camino en lugar del tuyo: perdonar, confiar, obedecer y amar sin esperar nada a cambio. Estas no son solo pequeñas acciones; son evidencia de que la salvación y su gracia están obrando en tu alma.

“Porque Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Filipenses 2:13, RVR1960).

Recuerda que, a través de la salvación, te conviertes en su discípulo, y nuestra meta es llegar a ser como el Maestro.

Toma unos momentos en silencio y pide al Espíritu Santo que examine tu corazón. Invítalo a traer paz a cualquier área donde haya ansiedad, temor o resentimiento. Perdona o rinde aquello que sea necesario. Y luego agradécele porque continuamente está transformando tu alma, tu mente, emociones y voluntad a la imagen de Cristo.

27/04/2026

¿Te ha pasado alguna vez que cometiste un error y no pudiste dejar de pensarlo? Tal vez dijiste algo que no debías, reaccionaste mal o simplemente no hiciste lo que sabías que era correcto. Y, aunque ya pasó… lo sigues repasando en tu mente. A mí me ha sucedido muchas veces.

Nos juzgamos, nos culpamos y, en el fondo, sentimos que hemos fallado. Ahí es donde muchas veces quedamos atrapados: vivimos desde la culpa, como si ese error definiera quiénes somos.

Pero su Palabra nos dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11–12, RVR1960).

Su gracia no es un permiso para pecar; es el poder para vivir libres del pecado. Jesús no vino a recordarte constantemente lo que hiciste mal, sino a mostrarte quién puedes ser en Él.

La gracia es la presencia viva de Cristo obrando en tu vida. Te enseña, te corrige, te fortalece y te transforma.

Muchas veces creemos que tenemos que cambiar primero para acercarnos a Dios, que debemos “estar bien” para volver. Pero la gracia funciona al revés: te acercas tal como estás… y es ahí donde comienza la verdadera transformación.

Cuanto más entiendes la gracia, menos toleras la condenación. El arma más fuerte del enemigo es la culpa, pero la gracia la desarma. Entonces, cada vez que falles, corre hacia Dios en lugar de alejarte de Él.

Cuando lo buscas sinceramente, creyendo en su Palabra, la victoria sobre el pecado se vuelve una realidad. Y, si tropiezas, elige recibir su misericordia y permitir que te restaure.

Pregúntate: ¿en qué momento reciente elegiste la culpa en lugar de recibir la gracia?

Ora conmigo: “Padre, gracias por la gracia que me cubre y me transforma. Gracias porque ya no estoy definido por mis fallas, sino por tu amor. Enséñame a vivir en la fuerza de tu gracia: a perdonar, a perseverar y a caminar en libertad. Hoy elijo confiar en que tu gracia es suficiente para todo lo que enfrento. En el nombre de Jesús, amén.”

26/04/2026

Este domingo en la iglesia cantamos una canción muy conocida: “Aquí Estoy”.

Hay una parte que dice:

“Aquí estoy, con manos alzadas vengo…”

Y algo curioso me pasa cada vez que la canto:

No puedo evitar levantar las manos.

Porque si no lo hiciera, sentiría que estoy cantando algo… que no estoy viviendo.

Levantar las manos no es solo un gesto.

En la Biblia representa algo profundo:

Rendición.
Dependencia.
Entrega.

Por eso me impacta ver que, hace más de 2400 años, el pueblo de Israel hacía exactamente lo mismo.

La Biblia dice en Nehemías 8:

“Levantaron las manos… y adoraron al Señor.”

Pero no fue solo levantar las manos.

Fue una respuesta completa:

Levantaron las manos → dependencia
Dijeron “Amén” → afirmaron la verdad
Se postraron → reconocieron su autoridad

Adoraron con todo su ser.

Porque cuando la Palabra de Dios realmente toca el corazón…

No te quedas igual.

Tu postura cambia.

Tu actitud cambia.

Tu respuesta cambia.

Muchas veces sentimos el impulso de adorar más libremente: levantar las manos, arrodillarnos, expresar lo que estamos viviendo con Dios.

Pero algo nos detiene:

El “qué dirán”.

Y ahí está el punto.

Un verdadero avivamiento rompe esa barrera.

Porque cuando ves a Dios correctamente…

Dejas de enfocarte en los demás.

Y comienzas a responderle a Él.

Por eso hoy quiero dejarte una pregunta sencilla:

¿Cuándo fue la última vez que adoraste a Dios con todo tu ser?

23/04/2026

Hace poco, mi esposa y yo notamos algo inquietante:

Qué fácil es perder tiempo en el celular.

Empiezas viendo un reel…
deslizas un poco más…
y cuando te das cuenta, ya pasó mucho tiempo.

Y esto no es solo una distracción inocente.

Hay estudios que muestran que afecta directamente tu capacidad de concentración.

Poco a poco, pierdes la habilidad de enfocarte… de sostener la atención.

Y eso tiene una consecuencia espiritual muy importante:

También te cuesta más concentrarte en la Palabra de Dios.

En Nehemías 8 encontramos algo impresionante.

Después de pedir escuchar la Palabra, el pueblo hizo algo que hoy parece imposible:

Escucharon durante horas.

Pero lo más impactante no fue el tiempo…

Fue la actitud.

Dice la Biblia:

“Todo el pueblo estaba atento…”

Atentos.

Enfocados.

Presentes.

Vivimos en un mundo lleno de distracciones.

Saltamos de una pantalla a otra.
De una notificación a otra.
De un pensamiento a otro.

Pero el pueblo tenía algo que hoy nos hace falta:

Hambre… y atención.

Porque la Palabra de Dios no es un libro más.

Es viva.

Es activa.

Te confronta.
Te transforma.
Te revela.

Alguien dijo algo muy cierto:

“La Biblia es el único libro que, mientras lo lees, también te está leyendo a ti.”

Y eso es exactamente lo que sucede cuando realmente le prestas atención.

Por eso hoy quiero dejarte una pregunta sencilla:

¿Qué tanta atención le estás dando a la Palabra de Dios?

No se trata solo de leer por rutina…

Se trata de escuchar de verdad.

Porque cuando Dios habla…
todo empieza a cambiar.

22/04/2026

Comenzamos una nueva semana juntos.

Y quiero empezar con una pregunta que puede incomodar… pero también transformar:

Si hoy te quitaran tu Biblia…
¿cuánto de la Palabra seguiría viviendo dentro de ti?

Hace algunos años leí un libro que marcó mi vida: El Hombre Celestial. Más adelante tuve la oportunidad de conocer al autor, el hermano Yun, y escuchar su testimonio.

Él creció en China, en medio de persecución.

En toda su aldea, solo él tenía una Biblia… y debía esconderla.

No sabía cuánto tiempo la conservaría.

Así que tomó una decisión:

Memorizar la Palabra.

Y de ahí surge esta pregunta tan confrontadora.

El hermano Yun decía algo muy fuerte:

“En algunos lugares hay muchas Biblias… pero poca hambre por ellas.
En otros hay mucha hambre… pero pocas Biblias.”

Eso me hizo entender algo clave:

Todo avivamiento comienza con hambre.

En Nehemías 8 vemos un momento así.

Después de reconstruir la muralla —después de esfuerzo, trabajo y cansancio— el pueblo no pidió descanso.

No pidió celebración.

Pidió la Palabra de Dios.

Porque entendieron algo profundo:

El problema nunca fue solo lo externo.

Siempre fue el corazón.

Y lo mismo pasa contigo y conmigo.

Puedes cambiar hábitos.
Puedes mejorar conductas.
Puedes ordenar tu vida.

Pero solo la Palabra de Dios transforma el corazón.

Por eso este es el primer paso hacia un verdadero avivamiento:

Volver a tener hambre de Dios.

Y hoy quiero dejarte una pregunta muy sencilla, pero muy honesta:

¿Cuánta hambre tienes por la Palabra de Dios?

18/04/2026

¿Alguna vez te ha pasado que estás viendo una serie o una película y te encanta el protagonista?

Te identificas con su historia, sigues cada escena… y, de repente, en medio de la trama, el personaje principal muere.

Es una de las partes más decepcionantes de una historia. A veces incluso hace difícil seguir viendo la película, porque parecía que todo giraba alrededor de ese personaje.

Ahora piensa en esto: en el Reino de Dios, tú también tienes un papel en la historia. No es un papel secundario ni irrelevante. Es un papel único que nadie más puede ocupar.

Jesús explicó algo parecido en la parábola de los talentos (Mateo 25:14–30 RVR1960). En la historia, un señor confía diferentes cantidades de dinero a tres siervos antes de irse de viaje: a cada uno le entrega algo valioso, esperando que lo administren y lo hagan crecer.

Dos de ellos entienden la responsabilidad: invierten lo que recibieron y lo multiplican. Pero el tercero, dominado por el miedo, decide esconder su talento y no hacer nada con él.

El problema no fue cuánto recibió, sino qué decidió hacer con lo que se le confió.

De la misma manera, Dios ha puesto algo valioso en tu vida: dones, oportunidades, influencia y un testimonio. No todos recibimos lo mismo, pero todos recibimos algo.

Y en la historia de Dios, nadie puede ocupar tu lugar.

Tu papel no es compararte con otros ni esconder lo que se te dio. Tu llamado es usarlo, invertirlo y permitir que dé fruto para su Reino. Porque cuando usas lo que Dios te confió, su Reino se expande y otras vidas son alcanzadas.

Te pregunto: ¿estás usando lo que Dios puso en tus manos, o lo estás guardando por miedo?

Dios te ha dado un lugar en su historia.

Es tiempo de que seas el protagonista, con los dones que Él te dio y seas parte de lo que Dios está haciendo en este mundo.

16/04/2026

Imagina que recibes una invitación para asistir a la boda más importante del año.

No es una celebración cualquiera. Es el tipo de evento del que todos hablan, una boda preparada con gran honor y cuidado.

Al abrir la invitación descubres algo sorprendente: no solo estás invitado, sino que el anfitrión también ha preparado para ti el vestido perfecto para la ocasión. No tienes que preocuparte por si tienes la ropa adecuada o si puedes costear algo tan elegante.

Todo ya ha sido provisto para ti.

Probablemente te sentirías honrado, incluso sorprendido.

Tal vez te preguntarías: ¿Por qué yo? ¿Cómo es que me invitaron a algo tan especial?

Jesús contó una parábola muy parecida (Mateo 22:1–14 RVR1960). Habló de un rey que preparó un gran banquete de bodas para su hijo.

Todo estaba listo: la mesa preparada, la celebración organizada, la alegría esperando a los invitados.

Sin embargo, muchos de los primeros invitados rechazaron la invitación: algunos estaban demasiado ocupados con sus negocios y preocupaciones, otros simplemente no le dieron importancia.

Entonces el rey hizo algo inesperado: envió a sus siervos a invitar a cualquiera que encontraran por los caminos. Personas comunes, que nunca imaginaron estar en un evento así.

Y el salón se llenó.

En esta historia, el banquete representa el Reino de Dios, y Él ha preparado un lugar para ti en su Reino. Jesús ya pagó el precio para que puedas entrar. La mesa está lista, el banquete está preparado y la vestidura ha sido provista.

“Al que no conoció pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que en él nosotros llegáramos a ser justicia de Dios.” (2 Corintios 5:21 RVR1960)

Jesús tomó tu lugar para que pudieras recibir el suyo. Él cargó con tu pecado para vestirte con su justicia. Esa es la vestidura que te permite entrar en la celebración del Reino.

Hoy la invitación sigue abierta. Respóndele con todo tu corazón.

14/04/2026

Jesús no enseñaba al azar.

Cada parábola que contó revela algo profundo sobre el Reino de Dios y sobre cómo obra en el mundo.

En la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13:24–30 RVR1960), Jesús explica que en el campo del mundo crecen dos tipos de semillas. El buen sembrador siembra trigo, pero durante la noche un enemigo siembra cizaña entre el cultivo. Al principio, ambos se parecen mucho. Crecen juntos y es difícil distinguirlos. Solo cuando llega la madurez se hace evidente la diferencia.

Así ocurre también en la vida espiritual.

Dios está obrando en este mundo, sembrando su verdad y transformando corazones. Pero, al mismo tiempo, el enemigo intenta sembrar engaño, confusión y falsas apariencias. Por un tiempo, ambas realidades conviven. A veces incluso parece difícil distinguir entre lo verdadero y lo falso.

Sin embargo, Jesús nos recuerda algo importante: habrá una cosecha.

Llegará el día en que Dios revelará lo que realmente pertenece a su Reino. Él es quien finalmente separa el trigo de la cizaña. Nuestra tarea no es juzgar a los demás, sino permanecer fieles, crecer y dar fruto.

La buena semilla representa a aquellos que han recibido la Palabra de Dios y han decidido vivir bajo su gobierno: personas que han entendido que Jesús entregó su vida para rescatarnos y que ahora reflejan su amor en el mundo.

El Reino de Dios ya está creciendo, aunque a veces no lo veamos con claridad. Y mientras esperamos la cosecha final, el trigo y la cizaña crecen juntos, nuestro llamado es simple: permanecer cerca de Jesús, dejar que su Palabra transforme tu vida y seguir dando fruto para su Reino.

Hoy puedes preguntarte: ¿qué tipo de semilla estás dejando crecer en tu corazón?

13/04/2026

Esta semana quiero invitarte a recorrer juntos algunas de las parábolas que enseñó Jesús. Comenzaremos con la Parábola del Sembrador, una de las primeras que Él compartió y también una de las más importantes.

En esta enseñanza, Jesús nos revela una verdad profunda sobre el Reino de Dios: cómo llega a nuestras vidas y cómo podemos responder a Él.

En Mateo 13:18–23 (RVR1960), Jesús explica que la semilla representa la Palabra de Dios, mientras que el suelo simboliza nuestro corazón. Curiosamente, la palabra escuchar aparece diecinueve veces en este capítulo. Esto no es casualidad, porque el Reino de Dios comienza precisamente allí: en la manera en que escuchamos.

Por eso Jesús advierte: “El que tenga oídos para oír, que oiga.” (Mateo 13:9 RVR1960) No se trata solo de oír palabras, sino de recibirlas con un corazón dispuesto y abierto.

Cada día escuchamos muchas voces. Sin embargo, aquello que elegimos escuchar termina formando nuestros pensamientos y guiando nuestras decisiones.

Jesús describe diferentes tipos de suelo: algunos corazones están endurecidos; otros reciben la palabra con entusiasmo, pero sin raíces profundas. Otros, en cambio, están tan llenos de preocupaciones y afanes que la verdad de Dios termina siendo ahogada.

Pero también existe la buena tierra: un corazón que escucha, comprende y permite que la Palabra crezca y transforme su vida.

La buena noticia es que el suelo, nuestro corazón, puede cambiar.

Él es el sembrador paciente que trabaja la tierra de nuestra vida, removiendo lo duro, sanando lo herido y preparando espacio para que su verdad crezca.

Tal vez te preguntes cómo está el suelo de tu corazón.

No te desanimes si aún hay áreas que Dios necesita trabajar. Hoy puedes abrir nuevamente tu corazón a su voz.

Pídele al Señor que te enseñe a escuchar su Palabra y que haga de tu vida una tierra fértil donde su verdad produzca fruto.

12/04/2026

¿Qué es lo que te hace feliz?

Una parte esencial de este viaje hacia el interior del corazón es aprender a reconocer los regalos de Dios en tu vida. Porque, cuando los reconoces, puedes detenerte a agradecer. Y la gratitud tiene el poder de transformar tu perspectiva.

Hace poco leí una frase que me hizo reflexionar profundamente: “¿Te has puesto a pensar que eso que estás viviendo hoy son oraciones escuchadas y promesas cumplidas?”.

Cuando miro mi vida, mi familia, el pan de cada día y el privilegio de vivir mi llamado, me doy cuenta de que muchas de estas cosas fueron, años atrás, anhelos que presentaba a Dios en oración.

Lo que hoy es cotidiano, ayer era una petición desesperada.

Y tú, ¿te has detenido a agradecer los regalos de Dios en tu vida?

A menudo te enfocas tanto en las dificultades actuales o en lo que aún te falta, que olvidas mirar atrás y reconocer que muchas de las cosas que hoy tienes —paz, estabilidad, una relación restaurada, un trabajo, incluso lecciones aprendidas— fueron alguna vez el sueño o el clamor de tu pasado.

La alegría, muchas veces no surge de lo extraordinario, sino de lo que decides reconocer en lo ordinario.

David oró en el Salmo 139:14: “¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!”. Examinar el corazón no solo implica confrontar heridas o pecados; también implica identificar las huellas de Dios en tu historia.

Entonces déjame preguntarte: ¿de dónde surge la alegría en tu vida hoy? ¿Dónde ves los dones y regalos de Dios por los que puedes dar gracias?

Toma un momento ahora mismo para nombrarlos delante de Él.

Oremos: Señor, gracias porque soy una creación admirable. Gracias porque puedo ver tu mano en mi historia. Gracias por tu obrar constante y por las bendiciones que me rodean, incluso en lo sencillo. Gracias por el regalo de un día más de vida. Ayúdame a reconocer tu gracia y a encontrar mi fortaleza en el gozo que viene de ti. Amén.

11/04/2026

Hace poco me enteré de que uno de los temas por los que más discutimos mi esposa y yo… es sorprendentemente común. De hecho, estudios muestran que una de cada dos parejas admite discutir por esto.

¿Sabes de qué estoy hablando?

De sacar la basura.

No podría decirte cuántas veces al mes este tema aparece en nuestra casa. Y, si soy sincero, no me gusta nada. Quizá por eso suelo evitar hacerlo, hasta que Shaila, mi esposa, ya no puede más. Y lo peor es que, cuando por fin voy a hacerlo, ya se acumuló tanta basura que es demasiado pesada para sacarla en una sola vez.

Y ese es el pensamiento que quiero dejarte hoy: lo que evitas hoy, mañana se convierte en una carga más pesada.

Hemos estado hablando de este viaje al interior de tu corazón. Tal vez no te identificas tanto con el enojo, la tristeza o la ansiedad. Quizá Dios te está señalando algo diferente:

una conversación difícil

una decisión necesaria

un hábito que sabes que te está afectando

un pecado que estás justificando

un paso de obediencia que Dios ya te mostró.

El Salmo 139, aunque es un salmo hermoso, también es desafiante, ya que cuando oramos como David: “Fíjate si voy por un camino que te ofenda, y guíame por el camino eterno” (Salmo 139:24 NVI), básicamente le estamos diciendo a Dios: “Muéstrame lo que no quiero ver”.

Y eso requiere valentía.

Porque lo contrario es seguir evitando. Y, como la basura en el patio, lo que se evita no desaparece… solo crece y se vuelve más pesado.

Por eso hoy quiero preguntarte: ¿qué estás evitando? ¿Hay algo que estás postergando que Dios te está invitando a enfrentar?

Recuerda esto: cuando enfrentas algo con Dios, pierde poder sobre ti.

Dirección

Calle 9a #412
Ciudad Guerrero
31680

Horario de Apertura

Lunes 9am - 5pm
Martes 9am - 5pm
Miércoles 9am - 5pm
Jueves 9am - 5pm
Viernes 9am - 5pm
Sábado 9am - 5pm

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Fito/ Fe y Mentalidad publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir