14/02/2026
“Cada vez hay más jóvenes que me dicen: ‘Yo no quiero tener hijos, no quiero ser papá, no quiero ser mamá’.”
Anamar no se queda en el juicio, se hace una pregunta fuerte: “¿Qué les hemos mostrado de la maternidad y la paternidad para que no la quieran vivir?”
“Muchos de nosotros vimos a nuestros padres desbordados, cansados, sin recursos emocionales.”
“Vimos mamás que lo daban todo, pero estaban frustradas, enojadas, sin vida propia; papás ausentes, o tan presionados, que ser papá se veía como una carga.”
Si lo que ves es que ser padre o madre es sinónimo de agotamiento, sacrificio y cero disfrute, es lógico que tu mente lo registre como algo que quieres evitar.
Anamar explica que ahí también entran las heridas emocionales de los adultos.
“Un papá no trabajado en su abandono, en su rechazo, en su injusticia, va a usar a los hijos para llenar vacíos, para no estar solo, para sostener su vida.”
“Entonces los hijos crecen viendo que ser papá es cargar culpas, broncas, responsabilidades emocionales que no les tocan.”
“Muchos jóvenes me dicen: ‘Yo no quiero repetir eso que viví en mi casa’.”
No es que no quieran amar; es que no quieren convertirse en el adulto roto, explotado o desconectado que vieron de cerca.
Por eso su frase se vuelve tan importante: “Padres en crecimiento, hijos en libertad.”
“Un niño no necesita papás perfectos; necesita papás que se responsabilizan de su historia, que se trabajan, que miran sus heridas.”
Cuando mostramos que ser papá también puede ser un camino de conciencia, disfrute y límites sanos, la idea de tener hijos deja de ser una condena… y empieza a verse como una elección desde la libertad.