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14/12/2025

Desigualdad en México
Juan Manuel Celis Aguirre

Ayer leí una nota de El Economista que sostiene que el “10% de los más ricos concentran el 71% de la riqueza nacional”. Hay, pues, una desigualdad brutal: la clase empresarial del país se queda casi tres cuartas partes de la riqueza nacional, mientras que la clase pobre y trabajadora se queda con el cuarto restante de la riqueza que todos producimos. Los datos son el resultado de un estudio realizado por el “Informe sobre la Desigualdad Global 2026” y en él se detalla que México es uno de los países más desiguales del mundo.

“El 10% de los (mexicanos) que más ganan capta alrededor de 59% del ingreso total, mientras que 50% (de los mexicanos) con menos ingresos recibe sólo el 8%”, dice el reporte. Es decir, la mitad de la población total que trabaja durante ocho, 10 o 12 horas al día se queda solo con el 8% del total del dinero, con una miseria si pensamos en que se trata de la mitad de la gente trabajadora del país.
El reporte ofrece más datos espeluznantes. “Las disparidades en la riqueza son aún mayores: 10% más rico posee alrededor de 71% de la riqueza total y 1% con más ingresos (los millonarios o multimillonarios), alrededor del 38%”. Lo diré de otra manera: las familias más acaudaladas, las familias de los dueños de las empresas más importantes que operan en nuestro país (como las minas, las compañías telefónicas o las tiendas de autoservicio gigantescas que tienen sucursales en todas las ciudades) se quedan con el 38% de la riqueza nacional. En cambio, los trabajadores de esas empresas, los que ganan el salario mínimo y que no tienen más que su fuerza de trabajo para ganarse el pan cada día, que son la mayoría de todos los mexicanos, sólo se quedan con el 8% de la riqueza nacional. Esto refleja la desigualdad que reina en el país.

Debido a los salarios de miseria que se dan en los trabajos formales y a que millones de trabajadores informales no cuentan con salarios mejores, sino peores, los mexicanos no podrán salir jamás de la pobreza y la pobreza extrema, muy a pesar de los aumentos al salario mínimo que acuerda Morena con el empresariado nacional. Festejan mucho por esos “aumentos”, pero no solucionan el problema. Por eso, se hacen necesarios los apoyos económicos del bienestar, que se entregan en tarjetas (comprando votos al por mayor durante varios años). El gobierno debe dar migajas dinerarias, para que la población no se levante a pelear por cambios económicos radicales. Pero esa olla de presión puede explotar más temprano que tarde, porque llegará un día en que ni los pobres aumentos salariales, ni las tarjetas, ni nada de nada, lograrán calmar el hambre del pueblo trabajador.

En el mundo, la cosa no cambia. “De acuerdo con el informe, 10% de la población más multimillonaria posee tres cuartas partes de la riqueza mundial, mientras que la más pobre sólo posee 2 por ciento. De esta manera, por cada 100 pesos de riqueza que hay en el mundo, 75 se concentra en la riqueza personal total de los más ricos”, dice el informe.

El economista Ricardo Gómez-Carrera sostiene: “Un grupo de 60 mil personas, que es la que cabe en un estadio de futbol, posee más riqueza que la mitad de la humanidad en su conjunto”.

¿A qué se debe la desigualdad? A que los empresarios y dueños de las empresas explotan la mano de obra de la gente y le pagan sólo lo necesario para que pueda medio comer, medio descansar, procrear nuevos trabajadores y regresar a laborar al día siguiente. De una jornada de 8 horas, según las estadísticas actuales, al trabajador se le pagan solo 11 minutos (el salario mínimo) y el patrón se queda con lo que se genera en las restantes 7 horas con 49 minutos. Así la explotación laboral en México. Haga usted la cuenta de cuántos salarios mínimos implica lo que se queda el patrón o el empresario y entenderá por qué mientras ellos viven en la opulencia, gastando millones de pesos en buena comida, residencias, viajes, ropa carísima, etcétera, el trabajador mexicano promedio sobrevive con el salario mínimo que sólo le permite que su familia medio coma, medio vista, medio estudie y medio viva.

Para cambiar esta situación, urge que los mexicanos se organicen en un partido único, que tome el poder y que haga cambios radicales en la economía que busque, en serio, terminar con la pobreza y la desigualdad en el país. No hay de otra. ¿Y qué organización popular encabezará ese cambio? Sí existe y hay que hacerla crecer.

12/11/2025

Peligro
- Brasil Acosta Peña
Muchas de las acciones de Morena están mal, pésimas. No hay un proyecto claro de nación y todo indica que representan a un poderoso sector de la burguesía mexicana; sin embargo, ese grupo no simboliza del todo los intereses de Estados Unidos (EE. UU.). En nuestro país hay un sector de la clase poderosa que, para mantener sus intereses intactos, le ha dado por el “nacionalismo” y plantean que debemos consumir lo hecho en México y ha “combatido” la inversión extranjera. Incluso, en los años 60, se les ocurrió proponer un modelo de desarrollo basado en la sustitución de importaciones, es decir, que el país debía desarrollarse con base en la capacidad para producir toda la cadena de suministros en México.

A finales de los años 80 y principios de los 90, México rompió con ese modelo nacionalista y se empeñó en obedecer los intereses de los norteamericanos mediante la incorporación del país al Tratado de Libre Comercio con América del Norte (el famoso TLCAN), que se nos presentó como el modelo de desarrollo y la panacea a todos los males. Así, con la firma de ese tratado, México alcanzaría la modernidad; sin embargo, con el paso del tiempo, se difundió que el estaba bien, pero que se requerían las reformas estructurales planteadas por Peña Nieto. Lo cierto es que la clase gobernante obedeció los lineamientos provenientes del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial; y nos convertimos en lacayos de los norteamericanos.

Desde hasta Felipe Calderón, los intereses de los grandes capitales industriales y los intereses de los norteamericanos estuvieron salvaguardados. Con la llegada de Peña Nieto, iniciaron las reformas llamadas estructurales que favorecían “al capital nacional” y al extranjero, pero agregaron una variante que no estaba contemplada por EE. UU.: el comercio con China. En 2013 se firmó un acuerdo de cooperación con el Presidente Xi Jinping. Los problemas iniciaron cuando Peña Nieto, sin permiso de EE. UU., se atrevió a visitar China e hizo un contrato con el país asiático para la construcción de un tren de alta velocidad de México a Querétaro.

La respuesta norteamericana no esperó mucho. El Partido Acción Nacional, la derecha, inició una recia campaña mediática contra Peña Nieto y Videgaray, en torno al escándalo de la “Casa Blanca”, con información proporcionada muy seguramente por los órganos de inteligencia norteamericana. El apretón norteamericano dobló a Peña y canceló los contratos con China ya firmados y aprobados legalmente, lo que representó un agravio para los chinos, pero mostró que, si Peña y Videgaray pretendían decidir independientemente, sin considerar los intereses de EE. UU., habría consecuencias. Algo parecido sucede hoy con el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, que está cediendo a los intereses de EE. UU. y quiere imponer sanciones a las inversiones y mercancías chinas, grave error desde mi punto de vista.

La llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al gobierno arrebató el poder a Peña y a ese sector de los poderosos que, aunque no se oponían a los intereses estadounidenses, pues las negociaciones del Tratado México-EE. UU.-Canadá fueron realizadas por Peña con su gobierno, quisieron buscar una alternativa de desarrollo relativamente distinta, que los llevara a negociar con China.

Con la llegada de AMLO, los poderosos empresarios mexicanos, con Slim a la cabeza, ganaron fuerza y pudieron obtener contratos jugosos como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, entre otras obras y desplazaron a otras empresas afines al equipo de Peña Nieto. Sin embargo, en una primera fase, los norteamericanos, en función de sus propios intereses, que no se veían afectados seriamente, optaron por “tolerar” a . El mismo AMLO se encargó de señalar que a los poderosos en México (e incluía a los poderosos estadounidenses) “les había ido bien”, que no se podían quejar, que habían incrementado sus ganancias.

La llegada de Sheinbaum Pardo, “continuadora” de la “Cuarta Transformación” (4T) y primera mujer Presidenta en México, prendió las alarmas con la llegada de Trump, pues parece que no están muy conformes con su administración ni con la idea de que se perpetúe la 4T en el poder.

Por ello, ahora somos testigos de una serie de escándalos que reflejan la descomposición interior del gobierno morenista (escándalos que son responsabilidad de los morenistas, pues con el poder se han corrompido, y ahora muestran su verdadera esencia); y esa condición es simplemente la herencia directa del “paladín”, del luchador incansable contra la corrupción, quien no sólo no acabó con ella, sino que ahora sus propios hijos están involucrados en escándalos de corrupción. Ésa es la 4T.

Por eso vemos ahora ya abiertamente a las clases poderosas en campaña con un candidato avalado por EE. UU. y sus élites: Ricardo Salinas Pliego. No es la primera vez que las clases del dinero pretenden gobernar directamente a México, ya lo intentaron con Manuel Clouthier y no prosperó su intento. Van a aprovechar la infraestructura del poderoso Salinas Pliego para hacer campaña: toda la base de datos de la clase media y clase baja está en manos de la empresa Elektra; y ni se diga del Banco Azteca, desde donde los poderosos podrían dispersar dinero a cambio de votos. Ello se vio en la celebración de su cumpleaños, donde Salinas Pliego reunió a 20 mil personas.

De ello se deduce, claramente, que EE. UU., que representa a la derecha fascista, tiene el propósito de pelearle el poder a Morena. El peligro es ése, pues si la derecha gana las elecciones, tendremos un Milei o un Zelenski con características mexicanas, que obedecerá a los intereses de los poderosos, pero en detrimento de los más humildes y de las clases trabajadoras.

Es por ello que los trabajadores de México no pueden mirar pasivamente tales acontecimientos, pues de lograrse ese cometido por la derecha, la cuestión pintará mal, pero también con Morena las cosas están mal; así que sólo nos queda prepararnos, unirnos y organizarnos para tomar el poder político y gobernar esta patria. Debe haber un gobierno de los trabajadores en México y el peligro es que los graves errores y actos de corrupción de Morena le abran camino a la extrema derecha para que se haga con el poder y México caiga en manos de la reacción. Evitemos eso y hagamos crecer la fuerza que hará el cambio verdadero en México; el instrumento social para lograrlo es el Movimiento Nacional.

Columnista en: Buzos de la Noticia ✍🏻

12/11/2025

🔴 | Siete años de abandono del campo mexicano 🚜🌽

Los productores agrícolas y ganaderos de 20 estados de la República Mexicana se hallan en pie de lucha a causa del abandono en que los gobiernos federales de Morena los han dejado durante siete años.

Lee más: buzos.com.mx/noticia/siete-anos-de-abandono-del-campo-mexicano

10/11/2025

¿NUEVA YORK SOCIALISTA?
Homero Aguirre Enríquez

Muchos medios de comunicación del mundo anunciaron casi unánimemente que un político “socialista”, Zohran Mamdani, había ganado la elección a la alcaldía de Nueva York, la ciudad más poblada de Estados Unidos y donde se ubica Wall Street, el centro financiero más importante del capitalismo norteamericano. “El socialista toma Nueva York”, tituló en primera plana el Daily Mail y agregó que el resultado era un “terremoto político”. Abundaron los titulares por el mismo estilo, veamos algunos: “El joven socialista Zohran Mamdani conquista Nueva York con su promesa de cambio frente a Trump” (EL PAÍS); “Quién es el socialista Zohran Mamdani y cómo logró una improbable victoria que lo convertirá en el primer alcalde musulmán de Nueva York” (BBC); “Nueva York elige alcalde con el socialista Mamdani como favorito” (swissinfo.ch); “El candidato de extrema izquierda Zohran Mamdani gana la alcaldía de Nueva York” (The Times of Israel); “El joven socialista Zohran Mamdani conquista Nueva York /Un alcalde progresista en el corazón del monstruo” (Resumen Latinoamericano).

Pero, aunque el triunfo de Mamdani pueda significar un importante golpe electoral contra el reaccionario y antipopular gobierno del republicano Donald Trump, y aunque es digno de resaltarse que más de un millón de norteamericanos, en su mayoría jóvenes, hayan dado su voto a quien abiertamente se presentó en la elección como socialista, musulmán y contrario al genocidio en Gaza, e incluso se dijo dispuesto a encarcelar al primer ministro de Israel, Benjamín Nethanyahu si este pisa Nueva York, el discurso y el programa del candidato neoyorkino ganador no es socialista, y mucho menos lo es el Partido Demócrata que lo postuló y desde el siglo XIX es uno de los dos principales partidos mediante los cuales se han alternado en el poder los multimillonarios que mandan en Estados Unidos, bajo cuyos gobiernos ferozmente anticomunistas y neoliberales se han desatado represiones contra trabajadores migrantes, así como invasiones imperialistas a otros países. ¿Alguien cree acaso que de ese partido saldrá la cabeza de una revolución socialista?

En la teoría y en la práctica de los movimientos revolucionarios auténticos y científicos, el socialismo se ha planteado como una etapa de la sociedad humana que debe suceder al capitalismo, un sistema que es altamente generador de riqueza pero es incapaz de repartirla entre los que la producen, lo que provoca millones de pobres, marginados y sufrientes que en algún momento deben tomar el poder para liberarse. “De acuerdo con la teoría clásica, el objetivo medular de la revolución proletaria en el terreno político es arrebatar el poder a la clase dominante para ponerlo en manos del pueblo, es decir, de la amplia alianza que pueden y deben formar, con anterioridad a dicha toma del poder, todas las clases trabajadoras y aquellos estratos sociales sometidos, vejados y humillados por la anterior dictadura de clase. En esta concepción, el gobierno, aunque no desaparece de inmediato, si resulta debilitado y disminuido en sus funciones, ya que gran parte de éstas pasan, tienen que pasar, necesariamente, a los órganos del poder popular. Aquel queda reducido, en realidad, a administrador de ciertos bienes de la colectividad y a ejecutor de la voluntad del pueblo, constituido en el nuevo y verdadero gobierno, escribió hace algunos años el ingeniero Aquiles Córdova, en un lúcido artículo titulado “Socialismo, entierro prematuro”.

“En el terreno económico, -agregó- la teoría postula que el pueblo, constituido como nuevo poder, debe expropiar (fijarse bien, enemigos sectarios y amigos ignorantes de las ideas socialistas) no toda la propiedad privada, no la pequeña propiedad individual que se sostiene con el trabajo propio ni mucho menos el patrimonio familiar en cualquiera de sus formas, como propalan los calumniadores de oficio, sino solamente los medios de producción y de cambio (esto es, las grandes fábricas, los grandes bancos, los grandes consorcios que explotan la mano de obra y especulan con el hambre de la gente) para convertirlos en “propiedad de todo de todo el pueblo”.

Ninguna de estas ideas y metas de gran trascendencia referentes a la eventual transformación de Estados Unidos en un país socialista están presentes en los discursos y en el plan de trabajo del alcalde electo de Nueva York. Lo que Mamdami ofreció a los votantes en su campaña, basada en visitas casa por casa de miles de “voluntarios” y en masivos mensajes a través de Tik Tok, financiada presuntamente con el respaldo de algunos multimillonarios como George Soros, fue resolver algunas demandas que buscan hacer menos dura la vida de los más pobres de Nueva York, pero sin tocar al capitalismo y dejando prácticamente intacto el poder y el dinero de la gran burguesía neoyorquina.

Ofreció guarderías gratuitas para niños menores de 5 años, autobuses rápidos y gratuitos, subir el salario mínimo para que pase de los 16.50 dólares por hora actuales a 30 dólares por hora para 2030, súper mercados municipales con precios controlados y congelamiento hasta el 2030 de los alquileres de alrededor de un millón de viviendas en Nueva York, una de las ciudades más caras del mundo. “Me considero un socialista democrático, inspirado en muchos sentidos por las palabras del doctor King hace décadas. ‘Llámese democracia o llámese socialismo democrático, tiene que haber una mejor distribución de la riqueza para todos los hijos de Dios en este país’”. “Más de 140 mil menores, el 15% del todo el alumnado, carecen de vivienda permanente. Son, formalmente, sin techo”, dijo. "Esta es una ciudad donde una de cada cuatro personas vive en la pobreza, una ciudad donde 500 mil niños se acuestan con hambre cada noche", reiteró el ahora alcalde electo.
Pero cumplir aunque sea sus promesas de campaña y lograr así sea mínimamente una mejor distribución de la riqueza requiere un poder institucional y una influencia nacional de masas que no tiene. Para financiar las guarderías, el transporte, las rentas congeladas y los supermercados municipales propone aumentar impuestos a los más ricos, para lo cual carece de suficientes facultades un alcalde, además de que enfrenta la negativa abierta de la gobernadora del estado al que pertenece Nueva York, la también demócrata Kathy Hochul y de otros prominentes demócratas legisladores que ven demasiado radical subirle un poco los impuestos a los multimillonarios, así como con la oposición feroz de Donald Trump, quien ya amenazó con recortes al presupuesto federal destinado a esa ciudad.

Incumplir sus promesas de campaña desprestigiará a Mamdani y también al socialismo, cuya bandera enarboló abiertamente. No sería el primer caso en la historia en que grupos de la burguesía llegan al poder ocultándose detrás de políticos que se dicen socialistas, por ejemplo Francoise Miterrand en Francia, y varios presidentes “socialistas” que han gobernado España y no han tenido ningún escrúpulo en integrarse y participar en operaciones militares de la OTAN. A veces, la fórmula de presentarse como socialistas les ha funcionado electoralmente, debido al hartazgo de millones de personas por el capitalismo, lo cual no impide que ya en el poder los presuntos socialistas se comporten igual o peor que los procapitalistas más descarados, y que sus enemigos dentro del sistema le echen la culpa del fracaso de esos gobiernos al socialismo, que solo existió en los discursos o en la tarjeta de presentación de los candidatos. Francamente, no veo ninguna razón para concluir que ocurrirá algo distinto con el flamante alcalde de Nueva York.

10/11/2025

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