02/03/2026
Cuando apareció este proyecto, mi primera reacción fue: ¿quéee? no, no, imposible… pero terminé diciendo que sí.
Esta torta fue un gran desafío desde el primer momento. En un principio, la idea era armarla directamente en el salón, pero la decoración era tan delicada que temía arruinarla durante el proceso, así que decidí armarla completa y trasladarla.
Error. Pesaba muchísimo y fue realmente muy difícil moverla.
Como si eso fuera poco, los cables de las luces eran extremadamente finos y, cuando la armé, no me di cuenta de que uno estaba cortado. No teníamos tiempo para reemplazarlo, así que intenté repararlo, pero volvía a fallar. A último momento, tomé la decisión de colocar luces individuales para poder salvar el efecto.
La estructura ya estaba armada, pero montarla fue muy complicado por el peso. Fue uno de esos momentos donde todo depende de vos.
Lo logré, pero con un nivel de estrés que hacía mucho no sentía. Esos nervios incluso hicieron que me confundiera en el nombre, y también faltó un piso de acrílico que debía llevar.
Aun así, la clienta me expresó lo encantada que estaba con el resultado, y en ese momento todo valió la pena.
Porque a veces, detrás de una torta, hay mucho más que decoración. Hay decisiones, errores, soluciones de último momento… y un enorme aprendizaje.