La Birraquín no sólo es una cerveza que se destaque por su calidad artesanal, por sus sabores, su cuerpo y sus colores, sino que también esconde una rica historia para pocos conocida. Su historia se remonta al período Neolítico, donde las primeras civilizaciones comenzaron a cultivar trigo y cebada en el valle del Éufrates, actual Siria, Turquía e Irán. En la elaboración del pan, éste era frecuent
emente mojado para ablandarse con agua y los restos que quedaban se fermentaban con el paso del tiempo. Éste líquido que sobraba era de sabor dulce y reconfortante, y aquí es donde haremos hincapié porque fue un joven quién notó la grandeza de este brebaje. Su nombre era Malaqueo, el primero de los Aquín, quien con su hermano Manuquín llevaron a tierras bávaras la idea de comenzar a producir la cerveza que hoy conocemos como la Birraquín. Los adeptos al elixir llegaron poco a poco, se convirtieron en fieles bebedores de cervezas, hacían juegos de bebidas y disfrutaban las mejores noches de sus vidas. Hasta que los hermanos fueron expulsados de esa tierra por fuerzas mayores que querían beber esas ricas birras. Empujados por la desazón al producir un producto no tan especial, los fieles fueron separándose. Algunos fueron a tierras vikingas, ya que el mito rezaba que los hermanos habían sido llamados por el Dios Odín, primo lejano de los Aquín. Allí los germanos y los vikingos se unieron en busca del sabor de la verdadera Birraquin. Siglos y siglos pasaron sin que se pudiera igualar una, hasta que el micólogo danés Emil Hansen ideó un método para emplear cultivos unicelulares en la producción de levaduras. Allí se logró producir nuevamente la Birraquín por unos pocos años hasta 1940 cuándo el ejército Nazi invadió tierras danesas. Los soldados alemanes se bebieron la producción y casi fueron derrotados a palazos por tres sujetos, ya que la Birraquín les había pegado mucho y no podían defenderse, hasta que llegaron refuerzos sobrios y pusieron las cosas en orden. El mismísimo Adolf Hitler prohibió la producción de la cerveza aunque un joven danés escapó con la receta hacia Rusia. Allí fabricó algunos barriles y rápidamente los rusos comenzaron a consumir la cerveza, aunque entre los seguidores se dividieron en facciones. Por un lado quienes se hacen llamar “Los birraqueos”, los cuales distorsionaron la bebida con un agregado de vodka y limón, y por el otro bando están los fieles a la cerveza original, “los bolchequines”. Esta pelea aún persiste en las calles de Moscú. Los acontecimientos recientes no están esclarecidos pero hay voces que afirman que la receta viajó hasta Argentina, más precisamente a la ciudad de La Plata, dónde dos jóvenes hermanos llamados Malaquías y Manuel, los llamados profetas de la Birraquín debido a que el linaje de sangre los uniría con los hermanos del Neolítico, están en la actualidad lanzando a las calles tandas del brebaje original, una bebida que tiene más de 10.000 años de historia y sobrevive porque quién la prueba inmediatamente se da cuenta que sin dudas, es la mejor bebida que existe.