09/07/2026
Tierra propia 🌱🇦🇷
Mi abuelo no sabía la palabra "agroecología". Sabía otra cosa: que la tierra no se apura, y que al que la apura, tarde o temprano, la tierra le cobra.
Hoy es 9 de julio. Se habla de próceres, de un Congreso en Tucumán, de una firma que cortó lazos con una corona. Pero la independencia no fue solo esa firma. Fue —y sigue siendo— la decisión, todos los días, de no depender de lo que te enferma para poder comer.
Elegir verdura agroecológica no es una moda de sabor. Es una postura. Es decir que no vamos a envenenar la tierra para sacarle más rápido lo que necesitamos, y que no vamos a envenenarnos nosotros para ahorrar tiempo. Es plantar con la lógica de quien sabe que va a volver a esa misma tierra el año que viene, y el otro, y el otro.
No es un gesto tierno. Es un gesto terco. El agronegocio tiene la plata, la publicidad, la velocidad de su lado. La agroecología tiene otra cosa: tiene raíz. Y la raíz no compite en rapidez, compite en tiempo. Se queda.
Cada verdura que sale de una tierra sana es una pequeña declaración de independencia: de los agroquímicos, de la lógica de que todo tiene que rendir ya, de la idea de que el alimento es solo mercancía y no también vínculo, salud, memoria.
No hace falta un Congreso para eso. Alcanza con una verdulería, un productor que no afloja, y gente que elige de qué manera quiere alimentarse. Ese también es un 9 de julio.
Hoy, como cada semana, elegimos la tierra que no se apura ✊🏼🇦🇷