14/07/2026
Le recuperación rara vez tiene el mismo tamaño que el desastre. Rara vez hay simetría entre la timidez de los primeros brotes, entre la pared levantada, el primer cimiento, y la espectacularidad del incendio que todo lo arrasó.
Y es que el día a día después de las grandes tragedias de nuestras vidas nunca logra tener la épica de la devastación, muy por el contrario. Los primeros días transcurren en un dolor anónimo, sin nombre, porque los grandes territorios que aparecen en nuestra vida de súbito, rara vez lo tienen. Y habitamos ese territorio devastado como extranjeros, sin mapa, sin hogar, sin gentilicio. Dejamos de ser.
No hay épica en la recuperación del alma porque llega de formas misteriosas, silenciosas y pequeñas. Un perro que mira el río bajo el sol en un muelle, te enseña el leguaje del aquí y el ahora. Una taza de té entre las manos, el de la tibieza. Un cuadro que se reinstala en una pared, las personas que se quedan, las que reaparecen, las mujeres que se atreven a atravesar el miedo contigo, los libros que no se humedecen cerca del mar, la sensación de volver a pertenecerle a un abrazo… Ninguna de esas cosas por sí solas tiene el tamaño de un incendio, pero todas juntas, reconstruyen una casa.
Y es que las verdades mas importante de nuestra vida raramente llegan como una idea:
Llegan como una herida.
Llegan cuando algo se rompe o se incendia, y entre los restos o las cenizas encontramos siempre una pregunta que nunca habíamos tenido que responder.
Mi respuesta fue un horno prendido, un atardecer opacado por la bruma del océano, un par de manos, las mías, y la certeza de que, como dice Camus, en medio del invierno, habita en mi, un verano invencible.
He vuelto. Ahora si. Bienvenido, Valdivia.
Gracias! Los amo! Loreto Andrea. Regulación Sistema Nervioso Verónica González Mahan Panadería Artesanal Rita Charpentier Momberg Awesome Pedro Ivan Pinto Hector Ceballo SM Begoña Arellano