Eat Like Buddha

Eat Like Buddha Ok, no soy Buda/Cocino plantas/Tomo té/Tengo hambre/Quiero ir a Nepal/Tengo un cuenco tibetano.

11/02/2026

Quieres probar nuestra “Cajita del amor propio” saludable y botánica? Reserva la tuya!!

No soy buena para scrollear… pero hoy abrí Instagram y me topé con algo que me dejó en silencio.En la alfombra roja de l...
13/01/2026

No soy buena para scrollear… pero hoy abrí Instagram y me topé con algo que me dejó en silencio.
En la alfombra roja de los Golden Globe, Mark Ruffalo llevaba un pin que decía Be Good. Cuando le preguntaron por qué, respondió que era en memoria de Renee Nicole Good, una mujer asesinada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos.

Habló de la contingencia, de cómo nuestra tendencia a continuar como si nada hubiera pasado banaliza el dolor, la muerte, la discriminación y la injusticia. De cómo muchas veces seguimos nuestras vidas desde la placidez de la ignorancia.

Yo no sé vivir sin tomar posición.
Pienso que no se puede habitar un mundo sin elegir un lugar desde donde celebrarlo. Mi manera de estar aquí —y también de cocinar— es preguntarme desde dónde hago las cosas, qué sostengo, qué cuido.

Seguir horneando cuando el mundo está herido no es evasión para mí: es una forma mínima de resistencia sensible, un retorno al cuerpo, al calor, a lo que nos ayuda a sentir que todavía hay algo bueno por cuidar.

Estos cupcakes de manzana asada al carmenere, queso crema y crumble de almendras nacen desde ahí: ingredientes simples, fuego lento, dulzor amable, digestión cuidada.
No cambian el mundo, pero quizás nos ayudan a habitarlo con un poco más de ternura. Cuando entendemos la necesidad de tomar posición de nuestros oficios, es cuando se produce el sentido y el reconocimiento:
celebrar que todavía hay manzanas, fuego, manos, perfume, digestión posible, cuerpo que responde, deseo de compartir. Celebrar, no porque todo esté bien, sino porque algo todavía merece ser cuidado

Estas galletas nacen del mismo lugar al que se regresa cuando una viaja sola: ese ensimismamiento que no aísla, sino que...
20/12/2025

Estas galletas nacen del mismo lugar al que se regresa cuando una viaja sola: ese ensimismamiento que no aísla, sino que ilumina. La quietud del tren, una calle húmeda, el olor de una pastelería en otro idioma, un café desconocido donde uno se reconoce a sí misma. Allí empezó todo: probando, olfateando, intuyendo, guardando sabores como quien guarda mapas.

Cuando volví a casa, ese viaje siguió en mi cocina. Lo que descubrí afuera se mezcló con lo que descubrí adentro. La paciencia, la curiosidad, el riesgo, la tenacidad. Y con mis manos —lo único verdaderamente mío— fui amasando ese aprendizaje. A veces desde la duda, otras desde la fe, pero siempre desde el deseo de hacer algo que me sostuviera.

Estas recetas vienen de lugares reales: Nueva York, Viena, Valdivia, París, Santiago. De pastelerías que visité, de olores que memoricé, de masas que probé hasta encontrar una forma propia: saludable, artesanal, honesta. Cada galleta es un tramo de mi geografía. Un mapa hecho de avellanas, chocolate, especias, naranja, vermut, brandy, harinas, frutos secos.

Y aunque parezcan pequeñas, estas galletas me han sanado. Porque en su manufactura —en el calor del horno, en el peso de la masa, en la precisión del tiempo— vuelco lo mismo que vuelco en mis viajes: una manera de creer en mí.

Ojalá que cuando las pruebes encuentres algo de eso también. Un sabor que abriga, un destello de alegría, una pausa. Y tal vez, como a mí, te recuerden que hay lugares que solo existen cuando los hacemos con nuestras manos.

Quieres la tuya? Conversemos! Sin azúcar ni harinas refinadas!

Estas galletas nacen del mismo lugar al que se regresa cuando una viaja sola: ese ensimismamiento que no aísla, sino que...
20/12/2025

Estas galletas nacen del mismo lugar al que se regresa cuando una viaja sola: ese ensimismamiento que no aísla, sino que ilumina. La quietud del tren, una calle húmeda, el olor de una pastelería en otro idioma, un café desconocido donde uno se reconoce a sí misma. Allí empezó todo: probando, olfateando, intuyendo, guardando sabores como quien guarda mapas.

Cuando volví a casa, ese viaje siguió en mi cocina. Lo que descubrí afuera se mezcló con lo que descubrí adentro. La paciencia, la curiosidad, el riesgo, la tenacidad. Y con mis manos —lo único verdaderamente mío— fui amasando ese aprendizaje. A veces desde la duda, otras desde la fe, pero siempre desde el deseo de hacer algo que me sostuviera.

Estas recetas vienen de lugares reales: Nueva York, Viena, Valdivia, París, Santiago… De pastelerías que visité, de olores que memoricé, de masas que probé hasta encontrar una forma propia: saludable, artesanal, honesta. Cada galleta es un tramo de mi geografía. Un mapa hecho de avellanas, chocolate, especias, naranja, vermut, harinas integrales, frutos secos.

Y aunque parezcan pequeñas, estas galletas me han sanado. Porque en su manufactura —en el calor del horno, en el peso de la masa, en la precisión del tiempo— vuelco lo mismo que vuelco en mis viajes: una manera de creer en mí.

Ojalá que cuando las pruebes encuentres algo de eso también. Un sabor que abriga, un destello de alegría, una pausa. Y tal vez, como a mí, te recuerden que hay lugares que solo existen cuando los hacemos con nuestras manos.

Quieres tu cajita!? Hablemos!!

Este es el pan de pascua que comí toda mi vida.En los días anteriores a la Navidad, la cocina a leña comenzaba a funcion...
17/12/2025

Este es el pan de pascua que comí toda mi vida.

En los días anteriores a la Navidad, la cocina a leña comenzaba a funcionar desde muy temprano, en el sur de Chile.

Nos reuníamos frente a la mesa a picar nueces, avellanas, almendras, remojar cranberries en brandy, disecar finas láminas de cítricos, perfumar y confitar frutas con azúcar y canela.

Mezclábamos enormes cantidades de especias: clavo de olor, cardamomo, flor masis, anís, nuez moscada, vainilla… que al unirse y chocar levemente, como estrellas en la galaxia del bowl, dejaban la cocina inundada de polvo estelar navideño.

Esta producción nos tomaba todo el día, y aunque la sabíamos de memoria, la receta —copiada a mano por mi abuela Wanda cuando era pequeña, en su español recién aprendido— ocupaba el centro de la mesa. Como si se tratara de una alquimia. Como si el milagro dependiera de leer y releer cada paso.

Era el pan que comía mi abuela de niña, y sus abuelos, y los abuelos de sus abuelos en su Alemania natal.

Fue el pan que acompañó navidades hermosas de familia reunida en torno a la mesa, y otras más aciagas, más de nostalgia que de presencias.

Hoy lo he adaptado: sin azúcar refinado (solo alulosa), con harina integral, 100% vegano.
Uní la memoria con aquello que hoy me motiva a prender el horno, picar frutas y esperar que el fuego y el fermento hagan su trabajo.

Pequeñas tandas de panes hermosos y glaseados, como minumundos navideños, salen de mi cocina estos días.

¿Quieres uno?
Escríbeme por DM 🤍

Hace tiempo leí ese famoso texto de Pedro Lemebel sobre las Fiestas Patrias, ese en el que dice que mas allá de todos lo...
16/09/2025

Hace tiempo leí ese famoso texto de Pedro Lemebel sobre las Fiestas Patrias, ese en el que dice que mas allá de todos los nacionalismos que le han sido despojados por nuestra historia reciente, a él le gusta ver a la gente celebrar el 18 porque este país que ha sufrido tanto, no tiene carnaval. Siempre he mirado estas fiestas desde la ventana, como quien mira la lluvia y siente placer de no ser mojado por ella. Mas allá de las bondades del feriado, el silencio me aturdía y la sensación de que todo el mundo se había ido de todas partes hacia un lugar mas mental que físico, me abrumaba. Banderas e himnos nacionales nunca me han emocionado. Creo mas en la Patria como el paisaje de mi infancia, como decía Mistral, y en el picoteo de las aves de la lluvia valdiviana sobre el techo de zinc, como la canción que llevo conmigo donde vaya. Pero he aprendido a entender también la necesidad del goce en un país donde se trabaja mucho mas de lo que se vive, donde muchas veces se come lo que se puede, donde bailar es un recuerdo de la juventud que ha quedado relegado por rutinas que nos rebasan, donde pensamos que merecemos tan poco, que siempre elegimos el mal menor.

Hacer cajitas dieciocheras con dulces saludables le ha dado sentido a mis fiestas patrias desde hace ya varios años, porque cocino pensando en ustedes, en la gente por la que horneo. En la algarabía de las celebraciones concurridas a las que llegarán con mi cajita entre las manos, o en la conmemoración intima del ocio frente a un libro, donde alguna de mis galletas acompañe ese hermoso momento de descubrimiento; el de levantar los ojos del libro, y mirar hacia el infinito. Celebremos todo aquello que queramos: comienza la primavera.

NUESTRA CAJITA DIECIOCHERA SALUDABLE CONTIENE:

2 muffin de frutillas al borgoña con frosting de queso crema y frutilla fresca y arándanos.
2 muffin de triple chocolate con manjar y praliné casero de nueces
4 galletas linzer rellenas de mermelada de ciruelas
2 empolvados de chocolate rellenos con manjar sin azúcar
$ 22.500

Tal vez esta historia les parezca conocida…Soy hija de un padre trabajólico. Si mi madre no se lo recordaba, era muy pos...
11/06/2025

Tal vez esta historia les parezca conocida…

Soy hija de un padre trabajólico. Si mi madre no se lo recordaba, era muy posible que no se acordara que era nuestro cumpleaños y a veces, incluso, no tenía muy claro en qué curso estaba cada uno. Decenas de veces olvidó ir a buscarme al colegio. La pregunta al salir, siempre era, llegará?
No, no fue el mejor padre del mundo, él y yo lo sabemos. Sin embargo, durante toda mi escolaridad fue a cada reunión, confeccionó cada disfraz y participó en cuanto acto y kermesse fue solicitado. Si había que bailar la tirana, era el primer bailarín. Hacer completos: el se disfrazaba de completo.

No papá, no fuiste el mejor del mundo. Porque te necesité muchas veces y no estuviste. Y me acostumbré durante muchos años a no pedirte ayuda. Pero también me enseñaste que cuando la vida aprieta, a veces hay que escarbar entre aquello que tenemos y salir a la calle. Amasar, tejer, hacer una canción y cantarla en alguna vereda, todo es válido cuando se trata de seguir viviendo. Y un día, cuando me encontraste en la cama llorando por varios días consecutivos me dijiste esa frase de D. H Lawrence, que no olvido: “Nunca vi a un animal salvaje sentir lástima de sí mismo. Hasta el mas pequeño pájaro caerá mu**to de una rama sin haber sentido jamás compasión de sí”.
Y entonces, te quedaste solo con nosotros. El único padre de dos hijos rotos. Y me di cuenta, en tu necesidad de ser, esta vez, lo que no fuiste, que tal vez, en el pasado, no fue que no quisiste. Fue, que no pudiste.

Vamos a celebrar a los papás? Ya po!

Nuestra cajita saludable contiene:*

2 cupcakes de manzana asada al vino tinto con frosting de queso crema, streusel de almendras y merenguitos sin azúcar
2 cupcakes de chocolate con manjar con alulosa y praliné de nueces
2 sconcitos de queso parmesano y eneldo
2 galletas crinkle cookies de chocolate craqueladas con toque de azúcar flor
2 galletas linzer con toque de naranja, romero y chocolate amargo rellenas con ganache de chocolate
$25.000 + delivery
*Por esta vez, esta promoción está solo disponible en Valdivia

Acompáñame en este ejercicio. A ver cómo nos va. Piensa que tienes de nuevo ocho, nueve años. Que es el sábado antes de ...
17/04/2025

Acompáñame en este ejercicio. A ver cómo nos va.

Piensa que tienes de nuevo ocho, nueve años. Que es el sábado antes de Pascua. Que casi no puedes dormir de la impaciencia porque te mueres de ganas de salir de tu habitación a hurtadillas y encontrar en flagrancia al conejito escondiendo pequeños huevos multicolores.

Porque la emoción de encontrarlos es sólo comparable a la sensación de saber que tendrás chocolate toda la semana o bueno, lo que duren, al menos tendrás una buena ración de dulces para ver tus monitos favoritos.

Ahora piensa en la última vez que sentiste esa misma impaciencia chispeante, esa impaciencia que si pudiera verse seguramente sería una enorme oleada de glitter rodeándonos de la cabeza a los pies.

Esa impaciencia, debe ser, con certeza, el alma de una buena infancia. Hoy, con el paso de los años, y mas allá del dolor, porque lo hubo, puedo reconocer que hubo mucho de eso. Mucha brillantina. Y supe también que había dejado de ser niña, cuando días como la Pascua dejaron de emocionarme. Cuando empecé a preocuparme por el peso que podría significar para mis padres este gasto extra, cuando alguien me dijo que el “chocolate engordaba” …huff… cuando pedí que dejaran de regalarme dulces, que ya estaba grande.

Pero este año me pasó algo distinto. Hice esta cajita de dulces saludables y cuando corté las galletas en forma de conejito, y decoré los cupcakes sentí la misma ternura que cuando mi madre y yo pintábamos huevitos con témpera y los rellenábamos de dulcecitos de colores.

Y si te regalas algo que le devuelva el brillo al aire que te rodea? Permítete habitar en esa simplicidad que tuviste.

Todavía te pertenece.

Nuestra cajita de dulces saludable de Pascua contiene:

2 cupcacke carrot cake con nueces, frosting de queso crema y merenguitos sin azúcar
3 galletones Crinkle cookie (chocolate craqueladas con toque de azúcar flor)
3 galletones linzer rellenas de ganache de chocolate sin azúcar con forma de conejito
3 huevitos de chocolate sin azúcar.
$ 20.000

Acompáñame en este ejercicio. A ver cómo nos va. Piensa que tienes de nuevo ocho, nueve años. Que es el sábado antes de ...
17/04/2025

Acompáñame en este ejercicio. A ver cómo nos va.

Piensa que tienes de nuevo ocho, nueve años. Que es el sábado antes de Pascua. Que casi no puedes dormir de la impaciencia porque te mueres de ganas de salir de tu habitación a hurtadillas y encontrar en flagrancia al conejito escondiendo pequeños huevos multicolores.

Porque la emoción de encontrarlos es sólo comparable a la sensación de saber que tendrás chocolate toda la semana o bueno, lo que duren, al menos tendrás una buena ración de dulces para ver tus monitos favoritos.

Ahora piensa en la última vez que sentiste esa misma impaciencia chispeante, esa impaciencia que si pudiera verse seguramente sería una enorme oleada de glitter rodeándonos de la cabeza a los pies.

Esa impaciencia, debe ser, con certeza, el alma de una buena infancia. Hoy, con el paso de los años, y mas allá del dolor, porque lo hubo, puedo reconocer que hubo mucho de eso en mis primeros años. Mucha brillantina. Y supe también que había dejado de ser niña, cuando días como la Pascua dejaron de emocionarme. Cuando empecé a preocuparme por el peso que podría significar para mis padres este gasto extra, cuando alguien me dijo que el chocolate engordaba, huff… cuando pedí que dejaran de regalarme dulces, que ya estaba grande…

Pero este año me pasó algo distinto. Hice esta cajita de dulces saludables y cuando corté las galletas en forma de conejito, y decoré los cupcakes, sentí esa misma ternura que cuando mi madre y yo pintábamos huevitos con témpera y los llenábamos de dulcecitos de colores.

Y si te regalas algo que le devuelva el brillo al aire que te rodea? Permítete habitar en esa simplicidad que tuviste. Todavía te pertenece.

Nuestra cajita de dulces saludable de Pascua contiene:

2 cupcacke carrot cake con nueces, frosting de queso crema y merenguitos sin azúcar
3 galletones Crinkle cookie (chocolate craqueladas con toque de azúcar flor)
3 galletones linzer rellenas de ganache de chocolate sin azúcar con forma de conejito
3 huevitos de chocolate sin azúcar.
$ 20.000

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