11/05/2025
Yo kiero ser me ganadera
Muchos dicen que el ganadero vive pobre y muere rico, y es verdad. Desde joven trabaja duro, madruga, cuida sus animales, arregla cercas, limpia potreros y sigue adelante con lo que tiene. Si gana algo, lo reinvierte: compra más ganado, mejora los pastos o arregla la finca. Pocas veces gasta en sí mismo.
No es que no tenga dinero, es que todo lo tiene en vacas, tierras, corrales o maquinaria. Su riqueza está “amarrada”, no se ve en el día a día. Vive con lo justo, a veces endeudado, esperando la próxima venta. El ciclo ganadero es lento, los ingresos grandes no son constantes.
Y cuando por fin tiene mucho, ya está viejo. Muchos mueren con tierra, ganado y finca propia, pero sin haber disfrutado todo lo que construyeron. Por eso se dice que mueren ricos, pero vivieron con poco.
Por ejemplo, esta semana un amigo me contaba lo siguiente: “La gente cree que uno tiene plata porque ve las vacas, la tierra… pero no saben que eso no se gasta, eso no se cambia por fiesta ni por carro nuevo. Uno vive con lo justo, esperando la cosecha o la venta del lote de novillos. Y cuando ya por fin uno ve que todo eso vale, ya está viejo, compadre. Con las manos arrugadas, el lomo gastado y el corazón cansado”.
El reto está en cambiar esa historia: aprender a invertir, llevar cuentas, buscar ingresos más rápidos y disfrutar el camino sin dejar de construir.