19/06/2026
Carta abierta a José Miguel Domínguez, “Chepe Bomba”
Estimado José Miguel Domínguez:
Le escribo desde Costa Rica.
Sé que este mensaje puede parecer extraño viniendo de alguien que no tiene nada que ver con el periodismo deportivo ni con el fútbol profesional. Estoy al frente de un negocio familiar en San Ramón de Alajuela y, además, me encargo de gran parte de la comunicación y las redes sociales de nuestra empresa.
Precisamente por eso entiendo el alcance que pueden tener las palabras cuando se tiene una audiencia y la responsabilidad que conlleva comunicar todos los días ante miles de personas.
Yo también utilizo un personaje para comunicar. En mi caso, “Charlito”, una figura despistada, sencilla y hasta un poco tonta, que uso para proyectar el negocio de mi familia. A algunas personas les gusta y a otras no, pero siempre he tratado de que el balance sea más positivo que negativo.
Por eso entiendo perfectamente que un personaje puede entretener, generar conversación y hasta beneficiar una marca personal. El problema aparece cuando ese personaje cruza ciertos límites.
Y con respeto se lo digo: usted está caminando sobre una línea muy delicada.
El fútbol despierta pasiones, sí. En nuestros países es parte de la cultura, de la identidad y de la conversación diaria. Pero una cosa es la rivalidad deportiva y otra muy distinta es alimentar un odio innecesario entre pueblos que históricamente han tenido una relación de respeto, hermandad y admiración.
Costa Rica y Panamá, como otros países centroamericanos y latinoamericanos, no deberían verse como enemigos por culpa de una narrativa deportiva cargada de burla, desprecio o provocación constante. La polémica puede dar números, puede generar vistas, puede traer seguidores; pero también puede sembrar resentimientos que después se salen del fútbol.
Hoy puede parecer solo una broma. Mañana puede convertirse en desprecio real hacia un país entero.
Eso es lo preocupante. Que por un tema tan banal como el fútbol, poco a poco se vaya construyendo una imagen negativa de Panamá o de cualquier otro país. Que la gente deje de ver una selección y empiece a rechazar a una nación completa. Que una rivalidad deportiva termine contaminando la manera en que nos tratamos como centroamericanos.
Ya hay suficiente odio en el mundo. Ya hay suficiente violencia. Nuestros países tienen demasiados problemas reales: inseguridad, pobreza, salud, educación, falta de oportunidades. No necesitamos que el deporte, que debería unirnos y emocionarnos, se convierta en otro canal para dividirnos más.
No dudo que usted, fuera del personaje, pueda ser una gran persona. No dudo que sea alguien querido por su familia, sus amigos y su gente. Pero precisamente por eso, y porque su personaje ya tiene alcance, también tiene una responsabilidad.
Usted podría usar esa misma fuerza para construir una comunidad centroamericana más sana. Podría seguir siendo polémico, divertido y competitivo, pero sin caer en mensajes que alimenten odio. Podría provocar desde el humor, no desde el desprecio. Podría encender la rivalidad deportiva sin quemar los puentes entre países hermanos.
Porque al final, Panamá no es un periodista. Costa Rica no es una selección. México no es un comentarista. Ningún país debería ser reducido a la actitud de una sola persona frente a una cámara.
A mí me pasó con México. Durante años, por ciertos discursos deportivos, me caían mal sus selecciones y hasta generalizaba injustamente sobre su gente. Luego viajé, conocí el país, su cultura y su gente, y entendí lo equivocado que estaba. En todos los países hay de todo, pero normalmente hay mucha más gente buena que mala.
Por eso le pido que mida el impacto de sus palabras. No por censura. No porque no se pueda opinar. No porque no se pueda vacilar. Sino porque cuando uno tiene una plataforma, también tiene una cuota de responsabilidad con lo que siembra.
El fútbol pasa. Los partidos terminan. Los torneos se olvidan. Pero la forma en que nos enseñamos a ver al otro puede quedarse por mucho tiempo.
Ojalá su personaje evolucione. Ojalá use esa atención que ya tiene para construir más y destruir menos. Ojalá siga creciendo, pero sin alimentar una cultura de odio entre países hermanos.
Con respeto,
Carlos Alfaro Cascante
San Ramón de Alajuela, Costa Rica
Súper Mario