El viejo guardaba en sus ojos un secreto, en el pasillo se veían fotos de aquellos tiempos, donde él y su banda “Rock Corn” triunfaban. Un día invitó a su nieto a la cochera, quien al igual que su abuelo tenía una banda a la que le iba muy bien, el nieto un poco confundido fue y solo se encontró con una especie de tarima y con los amigos de su abuelo que también tenían una avanzada edad. De pronto
el abuelo se acercó, le dio un plato con semillas de canguil y le dijo: “No hables, solo mira y escucha”. En ese momento todos subieron a la tarima, tomaron sus instrumentos y los conectaron al amplificador más extraño y brillante que jamás se haya visto, el mejor y más fuerte rock empezó a sonar, pero lo más extraño de todo fue cuando esas semillas comenzaron a explotar convirtiéndose en un delicioso y mágico canguil. Después de algunas canciones el abuelo bajó y le dijo, la fuerza de la música y de la amistad causó unos acordes tan intensos, que fueron capaces de llegar a reventar aquellas semillas. El abuelo regaló el amplificador a su nieto ese mismo día, y desde entonces él creó Rock Corn, juntando la pasión por la música y la delicia del canguil creando la mezcla perfecta.