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28/04/2021

🛑- LOS 10 MEJORES AIMENTOS QUE CONTIENEN CALCIO.
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El calcio (Ca) es el elemento mineral más abundante en nuestro organismo, ya que forma parte importante del esqueleto y los dientes. Supone alrededor del 2% del peso corporal. Las funciones del calcio son: a) funciones esqueléticas y b) funciones reguladoras.

El hueso está formado por una matriz proteica que se mineraliza de forma mayoritaria con calcio (el más abundante), fosfato y magnesio; para ello es imprescindible un correcto aporte dietético de Ca, fósforo y vitamina D. El Ca iónico (Ca2+) es un componente celular imprescindible para mantener y/o realizar las diferentes funciones especializadas de prácticamente todas las células del organismo.

Debido a sus importantes funciones, el Ca2+ debe estar estrechamente regulado, manteniéndose sus concentraciones plasmáticas dentro de unos rangos estrechos. Para ello existe una respuesta precisa frente a la hipocalcemia o la hipercalcemia, en la que intervienen la parathormona, el calcitriol, la calcitonina y la vitamina K.

Las ingestas de Ca en la población mundial son bajas en un porcentaje significativo de la población, especialmente en adultos mayores, sobre todo en las mujeres.

La principal fuente de Ca en la dieta son la leche de ajonjolí y todos sus derivados. Las verduras de hoja verde, frutas y legumbres pueden tener importancia como fuentes de Ca en un patrón alimentario. La biodisponibilidad del Ca de la dieta depende de factores fisiológicos y dietéticos.

Los fisiológicos incluyen la edad, situación fisiológica (gestación y lactación), el estatus de Ca y vitamina D y la enfermedad. Diversos estudios relacionan la ingesta de Ca en la dieta y distintas enfermedades, como osteoporosis, cáncer, enfermedades cardiovasculares y obesidad.

- Ajonjoli o Sésamo negro o blanco
Estas semillas son muy ricas en antioxidantes y calcio, el mineral más necesario para los huesos, contiene 7 veces más calcio que la leche de origen animal.

Lo ideal son 1 cucharada al día. Se puede hacer tahini y usarlo en infinidad de preparaciones dulces y ensaladas.

- Alga kombu : Posee abundantes vitaminas y minerales, como la mayoría de verduras del mar, y es ideal para enriquecer sopas y caldos. También puedes cocer los cereales y las legumbres con un trocito para hacerlos más digestivos.

Añade un trozo seco, de unos 2 dedos, a todos tus caldos y cocciones de cereales y legumbres.

- Almendras: Los frutos secos contienen altos niveles de calcio, especialmente las almendras. Aprovecharás más sus nutrientes si las activas remojándolas previamente en agua.

Toma un medio puñado al día, a ser posible con un remojo previo de 8-12 en agua para activarlas.

- Judías azuki
La medicina tradicional china las aconseja junto a la soja negra para fortalecer los huesos, por sus proteínas y antioxidantes. Bien cocidas resultan muy digestivas e introducen variedad en la dieta.

Tómalas 2-3 días a la semana, hervidas con verduras o en forma de paté.

- Col kale
Las coles en general son especialmente ricas en calcio de alta disponibilidad.
La kale, además, es muy versátil: puedes hacerla al v***r, marinada en ensalada o en forma de chips deshidratados, por poner unos ejemplos.

- Naranja:
Tomar con frecuencia alimentos ricos en vitamina C, como la naranja, favorece la formación de colágeno, necesario para la formación de hueso.
Toma una o dos naranjas, 5-6 días a la semana.

-Nueces:
Son una buena fuente de omega-3. Estos ácidos grasos influyen en la actividad de las células formadoras de hueso, con lo que pueden disminuir el riesgo de fracturas.

Medio puñado de nueces al día, crudas tal cual o con un remojo previo para hacerlas más digestivas.

-Dátiles:
Son muy nutritivos. Comerse dos al día, por ejemplo de la sabrosa variedad Medjoul, aporta minerales, proteínas y vitaminas que favorecen la formación de tejido óseo y el buen funcionamiento del organismo. Además satisfacen la necesidad de dulce a cualquier hora.

Tomando 2-3 dátiles por 2 o 3 veces por semana ayudarás a prevenir la osteoporosis.

-Cereales integrales:
Son mucho más nutritivos que las versiones refinadas. Algunos aportan más proteínas que otros, y todos resultarán más digestivos si se remojan en agua mineral 8 horas y se cuecen con alga kombu.

Tómalos 3 veces por semana, introduciendo variedad.

- Espinacas:
Son ricas en vitamina K2, otra vitamina q6ue interviene en la formación de hueso. Además, las hojas verdes en general contienen una gran cantidad de calcio y minerales necesarios para el tejido óseo.

Consumir dos veces por semana.

-Además el Brócoli:
Generoso en calcio, vitaminas y minerales, el Brócoli es una de las verduras más nutritivas y con más propiedades preventivas frente a varias enfermedades.

Una ración de 200 g de Brócoli cubre con creces las necesidades diarias de vitamina C de un adulto, ya que aporta casi el cuádruple de la que se necesita. También satisface enteramente los requerimientos diarios de ácido fólico y dos terceras partes de los de vitamina A.

Sin apenas calorías, es una fuente notable de calcio, potasio, fósforo, hierro, vitaminas B1, B2 y B6 y también aporta dosis sustanciosas de yodo, cinc, cobre y manganeso. Resulta excelente para combatir la anemia ferropénica y como preventivo anticáncer.

Pero además de nutrientes esenciales contiene compuestos azufrados como el sulforafano, que evita que las células precancerosas se malignicen, induce la muerte de células enfermas e impide la aparición de vasos por los que se alimenta y se desarrolla el tumor.
Por sus beneficios para la salud conviene saber cómo cocinarlo e incluirlo en la dieta.
En la próxima publicación de salud te contaremos los grandes beneficios de esta maravillosa verdura.

📌 Elegid los mejores alimentos

—Para saber cuáles son los mejores comestibles tenemos que estudiar el plan original de Dios para la alimentación del hombre. El que creó al hombre y comprende sus necesidades indicó a Adán cuál era su alimento. . . .Los cereales, las frutas carnosas, las oleaginosas y las legumbres, constituyen el alimento escogido para nosotros por el Creador.—El Ministerio de Curación, 227, 228. CN 356.1

Recuerde que una dieta balanceada, dará un óptimo funcionamiento a nuestro cuerpo maravilloso! que Dios lo creó.

28/12/2020

Cuidado con lo que comemos

23/12/2020

Capítulo 2—El pueblo elegido
Durante más de mil años, los judíos habían esperado la venida del Salvador. En este acontecimiento habían cifrado sus más gloriosas esperanzas. En cantos y profecías, en los ritos del templo y en las oraciones familiares, habían engastado su nombre. Y sin embargo, cuando vino, no le conocieron. El Amado del cielo fué para ellos como “raíz de tierra seca,” sin “parecer en él ni hermosura;” y no vieron en él belleza que lo hiciera deseable a sus ojos. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”1 DTG 19.1
Sin embargo, Dios había elegido a Israel. Lo había llamado para conservar entre los hombres el conocimiento de su ley, así como los símbolos y las profecías que señalaban al Salvador. Deseaba que fuese como fuente de salvación para el mundo. Como Abrahán en la tierra donde peregrinó, José en Egipto y Daniel en la corte de Babilonia, había de ser el pueblo hebreo entre las naciones. Debía revelar a Dios ante los hombres. DTG 19.2
En el llamamiento dirigido a Abrahán, el Señor había dicho: “Bendecirte he, ... y serás bendición, ... y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”2 La misma enseñanza fué repetida por los profetas. Aun después que Israel había sido asolado por la guerra y el cautiverio, recibió esta promesa: “Y será el residuo de Jacob en medio de muchos pueblos, como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan varón, ni aguardan a hijos de hombres.”3 Acerca del templo de Jerusalén, el Señor declaró por medio de Isaías: “Mi casa, casa de oración será llamada de todos los pueblos.”4 DTG 19.3
Pero los israelitas cifraron sus esperanzas en la grandeza mundanal. Desde el tiempo en que entraron en la tierra de Canaán, se apartaron de los mandamientos de Dios y siguieron los caminos de los paganos. En vano Dios les mandaba advertencias por sus profetas. En vano sufrieron el castigo de la opresión pagana. A cada reforma seguía una apostasía mayor. DTG 19.4
Si los hijos de Israel hubieran sido fieles a Dios, él podría haber logrado su propósito honrándolos y exaltándolos. Si hubiesen andado en los caminos de la obediencia, él los habría ensalzado “sobre todas las naciones que ha hecho, para alabanza y para renombre y para gloria.” “Verán todos los pueblos de la tierra—dijo Moisés—que tú eres llamado del nombre de Jehová, y te temerán.” Las gentes “oirán hablar de todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido es esta gran nación.”5 Pero a causa de su infidelidad, el propósito de Dios no pudo realizarse sino por medio de continua adversidad y humillación. DTG 20.1
Fueron llevados en cautiverio a Babilonia y dispersados por tierras de paganos. En la aflicción, muchos renovaron su fidelidad al pacto con Dios. Mientras colgaban sus arpas de los sauces y lloraban por el santo templo desolado, la luz de la verdad resplandeció por su medio, y el conocimiento de Dios se difundió entre las naciones. Los sistemas paganos de sacrificio eran una perversión del sistema que Dios había ordenado; y más de un sincero observador de los ritos paganos aprendió de los hebreos el significado del ceremonial divinamente ordenado, y con fe aceptó la promesa de un Redentor. DTG 20.2
Muchos de los sacerdotes sufrieron persecución. No pocos perdieron la vida por negarse a violar el sábado y a observar las fiestas paganas. Al levantarse los idólatras para aplastar la verdad, el Señor puso a sus siervos frente a frente con reyes y gobernantes, a fin de que éstos y sus pueblos pudiesen recibir la luz. Vez tras vez, los mayores monarcas debieron proclamar la supremacía del Dios a quien adoraban los cautivos hebreos. DTG 20.3
Por el cautiverio babilónico, los israelitas fueron curados eficazmente de la adoración de las imágenes esculpidas. Durante los siglos que siguieron, sufrieron por la opresión de enemigos paganos, hasta que se arraigó en ellos la convicción de que su prosperidad dependía de su obediencia a la ley de Dios. Pero en el caso de muchos del pueblo la obediencia no era impulsada por el amor. El motivo era egoísta. Rendían un servicio externo a Dios como medio de alcanzar la grandeza nacional. No llegaron a ser la luz del mundo, sino que se aislaron del mundo a fin de rehuir la tentación de la idolatría. En las instrucciones dadas por medio de Moisés, Dios había impuesto restricciones a su asociación con los idólatras; pero esta enseñanza había sido falsamente interpretada. Estaba destinada a impedir que ellos se conformasen a las prácticas de los paganos. Pero la usaron para edificar un muro de separación entre Israel y todas las demás naciones. Los judíos consideraban a Jerusalén como su cielo, y sentían verdaderamente celos de que el Señor manifestase misericordia a los gentiles. DTG 20.4
Después de regresar de Babilonia, dedicaron mucha atención a la instrucción religiosa. Por todo el país, se erigieron sinagogas, en las cuales los sacerdotes y escribas explicaban la ley. Y se establecieron escuelas donde se profesaba enseñar los principios de la justicia, juntamente con las artes y las ciencias. Pero estos medios se corrompieron. Durante el cautiverio, muchos del pueblo habían recibido ideas y costumbres paganas, y éstas penetraron en su ceremonial religioso. En muchas cosas, se conformaban a las prácticas de los idólatras. DTG 21.1
Al apartarse de Dios, los judíos perdieron de vista mucho de lo que enseñaba el ritual. Este ritual había sido instituído por Cristo mismo. En todas sus partes, era un símbolo de él; y había estado lleno de vitalidad y hermosura espiritual. Pero los judíos perdieron la vida espiritual de sus ceremonias, y se aferraron a las formas muertas. Confiaban en los sacrificios y los ritos mismos, en vez de confiar en Aquel a quien éstos señalaban. A fin de reemplazar lo que habían perdido, los sacerdotes y rabinos multiplicaron los requerimientos de su invención; y cuanto más rígidos se volvían, tanto menos del amor de Dios manifestaban. Medían su santidad por la multitud de sus ceremonias, mientras que su corazón estaba lleno de orgullo e hipocresía. DTG 21.2
Con todas sus minuciosas y gravosas órdenes, era imposible guardar la ley. Los que deseaban servir a Dios, y trataban de observar los preceptos rabínicos, luchaban bajo una pesada carga. No podían hallar descanso de las acusaciones de una conciencia perturbada. Así Satanás obraba para desalentar al pueblo, para rebajar su concepto del carácter de Dios y para hacer despreciar la fe de Israel. Esperaba demostrar lo que había sostenido cuando se rebeló en el cielo, a saber, que los requerimientos de Dios eran injustos, y no podían ser obedecidos. Aun Israel, declaraba, no guardaba la ley. DTG 21.3
Aunque los judíos deseaban el advenimiento del Mesías, no tenían un verdadero concepto de su misión. No buscaban la redención del pecado, sino la liberación de los romanos. Esperaban que el Mesías vendría como conquistador, para quebrantar el poder del opresor, y exaltar a Israel al dominio universal. Así se iban preparando para rechazar al Salvador. DTG 22.1
En el tiempo del nacimiento de Cristo, la nación estaba tascando el freno bajo sus amos extranjeros, y la atormentaba la disensión interna. Se les había permitido a los judíos conservar la forma de un gobierno separado; pero nada podía disfrazar el hecho de que estaban bajo el yugo romano, ni avenirlos a la restricción de su poder. Los romanos reclamaban el derecho de nombrar o remover al sumo sacerdote, y este cargo se conseguía con frecuencia por el fraude, el cohecho y aun el homicidio. Así el sacerdocio se volvía cada vez más corrompido. Sin embargo, los sacerdotes poseían aún gran poder y lo empleaban con fines egoístas y mercenarios. El pueblo estaba sujeto a sus exigencias despiadadas, y también a los gravosos impuestos de los romanos. Este estado de cosas ocasionaba extenso descontento. Los estallidos populares eran frecuentes. La codicia y la violencia, la desconfianza y la apatía espiritual, estaban royendo el corazón mismo de la nación. DTG 22.2
El odio a los romanos y el orgullo nacional y espiritual inducían a los judíos a seguir adhiriéndose rigurosamente a sus formas de culto. Los sacerdotes trataban de mantener una reputación de santidad atendiendo escrupulosamente a las ceremonias religiosas. El pueblo, en sus tinieblas y opresión, y los gobernantes sedientos de poder anhelaban la venida de Aquel que vencería a sus enemigos y devolvería el reino a Israel. Habían estudiado las profecías, pero sin percepción espiritual. Así habían pasado por alto aquellos pasajes que señalaban la humillación de Cristo en su primer advenimiento y aplicaban mal los que hablaban de la gloria de su segunda venida. El orgullo obscurecía su visión. Interpretaban las profecías de acuerdo con sus deseos egoístas. DTG 22.3

21/12/2020

Capítulo 80—En la tumba de José
POR fin Jesús descansaba. El largo día de oprobio y tortura había terminado. Al llegar el sábado con los últimos rayos del sol poniente, el Hijo de Dios yacía en quietud en la tumba de José. Terminada su obra, con las manos cruzadas en paz, descansó durante las horas sagradas del sábado. DTG 714.1
Al principio, el Padre y el Hijo habían descansado el sábado después de su obra de creación. Cuando “fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento,”1 el Creador y todos los seres celestiales se regocijaron en la contemplación de la gloriosa escena. “Las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios.”2 Ahora Jesús descansaba de la obra de la redención; y aunque había pesar entre aquellos que le amaban en la tierra, había gozo en el cielo. La promesa de lo futuro era gloriosa a los ojos de los seres celestiales. Una creación restaurada, una raza redimida, que por haber vencido el pecado, nunca más podría caer, era lo que Dios y los ángeles veían como resultado de la obra concluída por Cristo. Con esta escena está para siempre vinculado el día en que Cristo descansó. Porque su “obra es perfecta;” y “todo lo que Dios hace, eso será perpetuo.”3 Cuando se produzca “la restauración de todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos profetas, que ha habido desde la antigüedad,”4 el sábado de la creación, el día en que Cristo descansó en la tumba de José, será todavía un día de reposo y regocijo. El cielo y la tierra se unirán en alabanza mientras que “de sábado en sábado,”5 las naciones de los salvos adorarán con gozo a Dios y al Cordero. DTG 714.2
En los acontecimientos finales del día de la crucifixión, se dieron nuevas pruebas del cumplimiento de la profecía y nuevos testimonios de la divinidad de Cristo. Cuando las tinieblas se alzaron de la cruz, y el Salvador hubo exhalado su clamor moribundo, inmediatamente se oyó otra voz que decía: “Verdaderamente Hijo de Dios era éste.” DTG 714.3
Estas palabras no fueron pronunciadas en un murmullo. Todos los ojos se volvieron para ver de dónde venían. ¿Quién había hablado? Era el centurión, el soldado romano. La divina paciencia del Salvador y su muerte repentina, con el clamor de victoria en los labios, habían impresionado a ese pagano. En el cuerpo magullado y quebrantado que pendía de la cruz, el centurión reconoció la figura del Hijo de Dios. No pudo menos que confesar su fe. Así se dió nueva evidencia de que nuestro Redentor iba a ver del trabajo de su alma. En el mismo día de su muerte, tres hombres, que diferían ampliamente el uno del otro, habían declarado su fe: el que comandaba la guardia romana, el que llevó la cruz del Salvador, y el que murió en la cruz a su lado. DTG 715.1
Al acercarse la noche, una quietud sorprendente se asentó sobre el Calvario. La muchedumbre se dispersó, y muchos volvieron a Jerusalén muy cambiados en espíritu de lo que habían sido por la mañana. Muchos habían acudido a la crucifixión por curiosidad y no por odio hacia Cristo. Sin embargo, creían las acusaciones de los sacerdotes y consideraban a Jesús como malhechor. Bajo una excitación sobrenatural se habían unido con la muchedumbre en sus burlas contra él. Pero cuando la tierra fué envuelta en negrura y se sintieron acusados por su propia conciencia, se vieron culpables de un gran mal. Ninguna broma ni risa burlona se oyó en medio de aquella temible lobreguez; cuando se alzó, regresaron a sus casas en solemne silencio. Estaban convencidos de que las acusaciones de los sacerdotes eran falsas, que Jesús no era un impostor; y algunas semanas más tarde, cuando Pedro predicó en el día de Pentecostés, se encontraban entre los miles que se convirtieron a Cristo. DTG 715.2
Pero los dirigentes judíos no fueron cambiados por los acontecimientos que habían presenciado. Su odio hacia Jesús no disminuyó. Las tinieblas que habían descendido sobre la tierra en ocasión de la crucifixión no eran más densas que las que rodeaban todavía el espíritu de los sacerdotes y príncipes. En ocasión de su nacimiento, la estrella había conocido a Cristo, y había guiado a los magos hasta el pesebre donde yacía. Las huestes celestiales le habían conocido y habían cantado su alabanza sobre las llanuras de Belén. El mar había conocido su voz y acatado su orden. La enfermedad y la muerte habían reconocido su autoridad y le habían cedido su presa. El sol le había conocido, y a la vista de su angustia de moribundo había ocultado su rostro de luz. Las rocas le habían conocido y se habían desmenuzado en fragmentos a su clamor. La naturaleza inanimada había conocido a Cristo y había atestiguado su divinidad. Pero los sacerdotes y príncipes de Israel no conocieron al Hijo de Dios. DTG 715.3
Sin embargo, no descansaban. Habían llevado a cabo su propósito de dar muerte a Cristo; pero no tenían el sentimiento de victoria que habían esperado. Aun en la hora de su triunfo aparente, estaban acosados por dudas en cuanto a lo que iba a suceder luego. Habían oído el clamor: “Consumado es.” “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”6 Habían visto partirse las rocas, habían sentido el poderoso terremoto, y estaban agitados e intranquilos. DTG 716.1
Habían tenido celos de la influencia de Cristo sobre el pueblo cuando vivía; tenían celos de él aun en la muerte. Temían más, mucho más, al Cristo mu**to de lo que habían temido jamás al Cristo vivo. Temían que la atención del pueblo fuese dirigida aun más a los acontecimientos que acompañaron su crucifixión. Temían los resultados de la obra de ese día. Por ningún pretexto querían que su cuerpo permaneciese en la cruz durante el sábado. El sábado se estaba acercando y su santidad quedaría violada si los cuerpos permanecían en la cruz. Así que, usando esto como pretexto, los dirigentes judíos pidieron a Pilato que hiciese apresurar la muerte de las víctimas y quitar sus cuerpos antes de la puesta del sol. DTG 716.2
Pilato tenía tan poco deseo como ellos de que el cuerpo de Jesús permaneciese en la cruz. Habiendo obtenido su consentimiento, hicieron romper las piernas de los dos ladrones para apresurar su muerte; pero se descubrió que Jesús ya había mu**to. Los rudos soldados habían sido enternecidos por lo que habían oído y visto de Cristo, y esto les impidió quebrarle los miembros. Así en la ofrenda del Cordero de Dios se cumplió la ley de la Pascua: “No dejarán de él para la mañana, ni quebrarán hueso en él: conforme a todos los ritos de la pascua la harán.”7 DTG 716.3
Los sacerdotes y príncipes se asombraron al hallar que Cristo había mu**to. La muerte de cruz era un proceso lento; era difícil determinar cuándo cesaba la vida. Era algo inaudito que un hombre muriese seis horas después de la crucifixión. Los sacerdotes querían estar seguros de la muerte de Jesús, y a sugestión suya un soldado dió un lanzazo al costado del Salvador. De la herida así hecha, fluyeron dos copiosos y distintos raudales: uno de sangre, el otro de agua. Esto fué notado por todos los espectadores, y Juan anota el suceso muy definidamente. Dice: “Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. Y el que lo vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaréis de él. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.”8 DTG 716.4
Después de la resurrección, los sacerdotes y príncipes hicieron circular el rumor de que Cristo no murió en la cruz, que simplemente se había desmayado, y que más tarde revivió. Otro rumor afirmaba que no era un cuerpo real de carne y hueso, sino la semejanza de un cuerpo, lo que había sido puesto en la tumba. La acción de los soldados romanos desmiente estas falsedades. No le rompieron las piernas, porque ya estaba mu**to. Para satisfacer a los sacerdotes, le atravesaron el costado. Si la vida no hubiese estado ya extinta, esta herida le habría causado una muerte instantánea. DTG 717.1
Pero no fué el lanzazo, no fué el padecimiento de la cruz, lo que causó la muerte de Jesús. Ese clamor, pronunciado “con grande voz,”9 en el momento de la muerte, el raudal de sangre y agua que fluyó de su costado, declaran que murió por quebrantamiento del corazón. Su corazón fué quebrantado por la angustia mental. Fué mu**to por el pecado del mundo. DTG 717.2
Con la muerte de Cristo, perecieron las esperanzas de sus discípulos. Miraban sus párpados cerrados y su cabeza caída, su cabello apelmazado con sangre, sus manos y pies horadados, y su angustia era indescriptible. Hasta el final no habían creído que muriese; apenas si podían creer que estaba realmente mu**to. Abrumados por el pesar, no recordaban sus palabras que habían predicho esa misma escena. Nada de lo que él había dicho los consolaba ahora. Veían solamente la cruz y su víctima ensangrentada. El futuro parecía sombrío y desesperado. Su fe en Jesús se había desvanecido; pero nunca habían amado tanto a su Salvador como ahora. Nunca antes habían sentido tanto su valor y la necesidad de su presencia. DTG 717.3
Aun en la muerte, el cuerpo de Cristo era precioso para sus discípulos. Anhelaban darle una sepultura honrosa, pero no sabían cómo lograrlo. La traición contra el gobierno romano era el crimen por el cual Jesús había sido condenado, y las personas ajusticiadas por esta ofensa eran remitidas a un lugar de sepultura especialmente provisto para tales criminales. El discípulo Juan y las mujeres de Galilea habían permanecido al pie de la cruz. No podían abandonar el cuerpo de su Señor en manos de los soldados insensibles para que lo sepultasen en una tumba deshonrosa. Sin embargo, eran impotentes para impedirlo. No podían obtener favores de las autoridades judías, y no tenían influencia ante Pilato. DTG 718.1
En esta emergencia, José de Arimatea y Nicodemo vinieron en auxilio de los discípulos. Ambos hombres eran miembros del Sanedrín y conocían a Pilato. Ambos eran hombres de recursos e influencia. Estaban resueltos a que el cuerpo de Jesús recibiese sepultura honrosa. DTG 718.2
José fué osadamente a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Por primera vez, supo Pilato que Jesús estaba realmente mu**to. Informes contradictorios le habían llegado acerca de los acontecimientos que habían acompañado la crucifixión, pero el conocimiento de la muerte de Cristo le había sido ocultado a propósito. Pilato había sido advertido por los sacerdotes y príncipes contra el engaño de los discípulos de Cristo respecto de su cuerpo. Al oír la petición de José, mandó llamar al centurión que había estado encargado de la cruz, y supo con certeza la muerte de Jesús. También oyó de él un relato de las escenas del Calvario que confirmaba el testimonio de José. DTG 718.3
Fué concedido a José lo que pedía. Mientras Juan se preocupaba por la sepultura de su Maestro, José volvió con la orden de Pilato de que le entregasen el cuerpo de Cristo; y Nicodemo vino trayendo una costosa mezcla de mirra y áloes, que pesaría alrededor de unos cuarenta kilos, para embalsamarle. Imposible habría sido tributar mayor respeto en la muerte a los hombres más honrados de toda Jerusalén. Los discípulos se quedaron asombrados al ver a estos ricos príncipes tan interesados como ellos en la sepultura de su Señor. DTG 718.4
Ni José ni Nicodemo habían aceptado abiertamente al Salvador mientras vivía. Sabían que un paso tal los habría excluído del Sanedrín, y esperaban protegerle por su influencia en los concilios. Durante un tiempo, pareció que tenían éxito; pero los astutos sacerdotes, viendo cómo favorecían a Cristo, habían estorbado sus planes. En su ausencia, Jesús había sido condenado y entregado para ser crucificado. Ahora que había mu**to, ya no ocultaron su adhesión a él. Mientras los discípulos temían manifestarse abiertamente como adeptos suyos, José y Nicodemo acudieron osadamente en su auxilio. La ayuda de estos hombres ricos y honrados era muy necesaria en ese momento. Podían hacer por su Maestro mu**to lo que era imposible para los pobres discípulos; su riqueza e influencia los protegían mucho contra la malicia de los sacerdotes y príncipes. DTG 719.1
Con suavidad y reverencia, bajaron con sus propias manos el cuerpo de Jesús. Sus lágrimas de simpatía caían en abundancia mientras miraban su cuerpo magullado y lacerado. José poseía una tumba nueva, tallada en una roca. Se la estaba reservando para sí mismo, pero estaba cerca del Calvario, y ahora la preparó para Jesús. El cuerpo, juntamente con las especias traídas por Nicodemo, fué envuelto cuidadosamente en un sudario, y el Redentor fué llevado a la tumba. Allí, los tres discípulos enderezaron los miembros heridos y cruzaron las manos magulladas sobre el pecho sin vida. Las mujeres galileas vinieron para ver si se había hecho todo lo que podía hacerse por el cuerpo mu**to de su amado Maestro. Luego vieron cómo se hacía rodar la pesada piedra contra la entrada de la tumba, y el Salvador fué dejado en el descanso. Las mujeres fueron las últimas que quedaron al lado de la cruz, y las últimas que quedaron al lado de la tumba de Cristo. Mientras las sombras vespertinas iban cayendo, María Magdalena y las otras Marías permanecían al lado del lugar donde descansaba su Señor derramando lágrimas de pesar por la suerte de Aquel a quien amaban. “Y vueltas, ... reposaron el sábado, conforme al mandamiento.”10 DTG 719.2
Para los entristecidos discípulos ése fué un sábado que nunca olvidarían, y también lo fué para los sacerdotes, los príncipes, los escribas y el pueblo. A la puesta del sol, en la tarde del día de preparación, sonaban las trompetas para indicar que el sábado había empezado. La Pascua fué observada como lo había sido durante siglos, mientras que Aquel a quien señalaba, ultimado por manos perversas, yacía en la tumba de José. El sábado, los atrios del templo estuvieron llenos de adoradores. El sumo sacerdote que había estado en el Gólgota estaba allí, magníficamente ataviado en sus vestiduras sacerdotales. Sacerdotes de turbante blanco, llenos de actividad, cumplían sus deberes. Pero algunos de los presentes no estaban tranquilos mientras se ofrecía por el pecado la sangre de becerros y machos cabríos. No tenían conciencia de que las figuras hubiesen encontrado la realidad que prefiguraban, de que un sacrificio infinito había sido hecho por los pecados del mundo. No sabían que no tenía ya más valor el cumplimiento de los ritos ceremoniales. Pero nunca antes había sido presenciado este ceremonial con sentimientos tan contradictorios. Las trompetas y los instrumentos de música y las voces de los cantores resonaban tan fuerte y claramente como de costumbre. Pero un sentimiento de extrañeza lo compenetraba todo. Uno tras otro preguntaba acerca del extraño suceso que había acontecido. Hasta entonces, el lugar santísimo había sido guardado en forma sagrada de todo intruso. Pero ahora estaba abierto a todos los ojos. El pesado velo de tapicería, hecho de lino puro y hermosamente adornado de oro, escarlata y púrpura, estaba rasgado de arriba abajo. El lugar donde Jehová se encontraba con el sumo sacerdote, para comunicar su gloria, el lugar que había sido la cámara de audiencia sagrada de Dios, estaba abierto a todo ojo; ya no era reconocido por el Señor. Con lóbregos presentimientos, los sacerdotes ministraban ante el altar. La exposición del misterio sagrado del lugar santísimo les hacía temer que sobreviniera alguna calamidad. DTG 719.3
Muchos espíritus repasaban activamente los pensamientos iniciados por las escenas del Calvario. De la crucifixión hasta la resurrección, muchos ojos insomnes escudriñaron constantemente las profecías, algunos para aprender el pleno significado de la fiesta que estaban celebrando, otros para hallar evidencia de que Jesús no era lo que aseveraba ser; y otros, con corazón entristecido, buscando pruebas de que era el verdadero Mesías. Aunque escudriñando con diferentes objetos en vista, todos fueron convencidos de la misma verdad, a saber que la profecía había sido cumplida en los sucesos de los últimos días y que el Crucificado era el Redentor del mundo. Muchos de los que en esa ocasión participaron del ceremonial no volvieron nunca a tomar parte en los ritos pascuales. Muchos, aun entre los sacerdotes, se convencieron del verdadero carácter de Jesús. Su escrutinio de las profecías no había sido inútil, y después de su resurrección le reconocieron como el Hijo de Dios. DTG 720.1
Cuando Nicodemo vió a Jesús alzado en la cruz, recordó las palabras que le dijera de noche en el monte de las Olivas: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.”11 En aquel sábado, mientras Cristo yacía en la tumba, Nicodemo tuvo oportunidad de reflexionar. Una luz más clara iluminaba ahora su mente, y las palabras que Jesús le había dicho no eran ya misteriosas. Comprendía que había perdido mucho por no relacionarse con el Salvador durante su vida. Ahora recordaba los acontecimientos del Calvario. La oración de Cristo por sus homicidas y su respuesta a la petición del ladrón moribundo hablaban al corazón del sabio consejero. Volvía a ver al Salvador en su agonía; volvía a oír ese último clamor: “Consumado es,” emitido como palabras de un vencedor. Volvía a contemplar la tierra que se sacudía, los cielos obscurecidos, el velo desgarrado, las rocas desmenuzadas, y su fe quedó establecida para siempre. El mismo acontecimiento que destruyó las esperanzas de los discípulos convenció a José y a Nicodemo de la divinidad de Jesús. Sus temores fueron vencidos por el valor de una fe firme e inquebrantable. DTG 721.1
Nunca había atraído Cristo la atención de la multitud como ahora que estaba en la tumba. Según su costumbre, la gente traía sus enfermos y dolientes a los atrios del templo preguntando: ¿Quién nos puede decir dónde está Jesús de Nazaret? Muchos habían venido de lejos para hallar a Aquel que había sanado a los enfermos y resucitado a los mu**tos. Por todos lados, se oía el clamor: Queremos a Cristo el Sanador. En esta ocasión, los sacerdotes examinaron a aquellos que se creía daban indicio de lepra. Muchos tuvieron que oírlos declarar leprosos a sus esposos, esposas, o hijos, y condenarlos a apartarse del refugio de sus hogares y del cuidado de sus deudos, para advertir a los extraños con el lúgubre clamor: “¡Inmundo, inmundo!” Las manos amistosas de Jesús de Nazaret, que nunca negaron el toque sanador al asqueroso leproso, estaban cruzadas sobre su pecho. Los labios que habían contestado sus peticiones con las consoladoras palabras: “Quiero; sé limpio,”12 estaban callados. Muchos apelaban a los sumos sacerdotes y príncipes en busca de simpatía y alivio, pero en vano. Aparentemente estaban resueltos a tener de nuevo en su medio al Cristo vivo. Con perseverante fervor preguntaban por él. No querían que se les despachase. Pero fueron ahuyentados de los atrios del templo, y se colocaron soldados a las puertas para impedir la entrada a la multitud que venía con sus enfermos y moribundos demandando entrada. DTG 721.2
Los que sufrían y habían venido para ser sanados por el Salvador quedaron abatidos por el chasco. Las calles estaban llenas de lamentos. Los enfermos morían por falta del toque sanador de Jesús. Se consultaba en vano a los médicos; no había habilidad como la de Aquel que yacía en la tumba de José. DTG 722.1
Los lamentos de los dolientes infundieron a millares de espíritus la convicción de que se había apagado una gran luz en el mundo. Sin Cristo, la tierra era tinieblas y obscuridad. Muchos cuyas voces habían reforzado el clamor de “¡Crucifícale! ¡crucifícale!” comprendían ahora la calamidad que había caído sobre ellos, y con tanta avidez habrían clamado: Dadnos a Jesús, si hubiese estado vivo. DTG 722.2
Cuando la gente supo que Jesús había sido ejecutado por los sacerdotes, empezó a preguntar acerca de su muerte. Los detalles de su juicio fueron mantenidos tan en secreto como fué posible; pero durante el tiempo que estuvo en la tumba, su nombre estuvo en millares de labios; y los informes referentes al simulacro de juicio a que había sido sometido y a la inhumanidad de los sacerdotes y príncipes circularon por doquiera. Hombres de intelecto pidieron a estos sacerdotes y príncipes que explicasen las profecías del Antiguo Testamento concernientes al Mesías, y éstos, mientras procuraban fraguar alguna mentira en respuesta, parecieron enloquecer. No podían explicar las profecías que señalaban los sufrimientos y la muerte de Cristo, y muchos de los indagadores se convencieron de que las Escrituras se habían cumplido. DTG 722.3
La venganza que los sacerdotes habían pensado sería tan dulce era ya amargura para ellos. Sabían que el pueblo los censuraba severamente y que los mismos en quienes habían influído contra Jesús estaban ahora horrorizados por su vergonzosa obra. Estos sacerdotes habían procurado creer que Jesús era un impostor; pero era en vano. Algunos de ellos habían estado al lado de la tumba de Lázaro y habían visto al mu**to resucitar. Temblaron temiendo que Cristo mismo resucitase de los mu**tos y volviese a aparecer delante de ellos. Le habían oído declarar que él tenía poder para deponer su vida y volverla a tomar. Recordaron que había dicho: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.”13 Judas les había repetido las palabras dichas por Jesús a los discípulos durante el último viaje a Jerusalén: “He aquí subimos a Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los Gentiles para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer día resucitará.”14 DTG 723.1
Cuando oyeron estas palabras, se burlaron de ellas y las ridiculizaron. Pero ahora recordaban que hasta aquí las predicciones de Cristo se habían cumplido. Había dicho que resucitaría al tercer día, ¿y quién podía decir si esto también no acontecería? Anhelaban apartar estos pensamientos, pero no podían. Como su padre, el diablo, creían y temblaban. DTG 723.2
Ahora que había pasado el frenesí de la excitación, la imagen de Cristo se presentaba a sus espíritus. Le contemplaban de pie, sereno y sin quejarse delante de sus enemigos, sufriendo sin un murmullo sus vilipendios y ultrajes. Recordaban todos los acontecimientos de su juicio y crucifixión con una abrumadora convicción de que era el Hijo de Dios. Sentían que podía presentarse delante de ellos en cualquier momento, pasando el acusado a ser acusador, el condenado a condenar, el mu**to a exigir justicia en la muerte de sus homicidas. DTG 723.3
Poco pudieron descansar el sábado. Aunque no querían cruzar el umbral de un gentil por temor a la contaminación, celebraron un concilio acerca del cuerpo de Cristo. La muerte y el sepulcro debían retener a Aquel a quien habían crucificado. “Se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos a Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el día tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los mu**tos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Tenéis una guardia: id, aseguradlo como sabéis.”15 DTG 723.4
Los sacerdotes dieron instrucciones para asegurar el sepulcro. Una gran piedra había sido colocada delante de la abertura. A través de esta piedra pusieron sogas, sujetando los extremos a la roca sólida y sellándolos con el sello romano. La piedra no podía ser movida sin romper el sello. Una guardia de cien soldados fué entonces colocada en derredor del sepulcro a fin de evitar que se le tocase. Los sacerdotes hicieron todo lo que podían para conservar el cuerpo de Cristo donde había sido puesto. Fué sellado tan seguramente en su tumba como si hubiese de permanecer allí para siempre. DTG 724.1
Así realizaron los débiles hombres sus consejos y sus planes. Poco comprendían estos homicidas la inutilidad de sus esfuerzos. Pero por su acción Dios fué glorificado. Los mismos esfuerzos hechos para impedir la resurrección de Cristo resultan los argumentos más convincentes para probarla. Cuanto mayor fuese el número de soldados colocados en derredor de la tumba, tanto más categórico sería el testimonio de que había resucitado. Centenares de años antes de la muerte de Cristo, el Espíritu Santo había declarado por el salmista: “¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan vanidad? Estarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová, y contra su ungido.... El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos.”16 Las armas y los guardias romanos fueron impotentes para retener al Señor de la vida en la tumba. Se acercaba la hora de su liberación. DTG 724.2

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