07/09/2026
Una hoja de Ti Kuan Yin puede contar mucho más de lo que parece.
Este es nuestro Ti Kuan Yin de Anxi después de infusionarlo. Si os fijáis en la última fotografía, hay dos detalles especialmente interesantes: la hoja se conserva prácticamente entera y la oxidación aparece principalmente en sus bordes.
Esa fina zona más oscura no es casual. Durante la elaboración del oolong, las hojas se agitan y se rozan de forma controlada. Ese trabajo va dañando ligeramente las células del perímetro y favorece que la oxidación comience precisamente allí, mientras buena parte del interior mantiene todavía su carácter verde. Es una de las razones por las que un oolong puede reunir sensaciones florales, vegetales, afrutadas y más profundas en una misma taza.
También resulta muy interesante observar cómo se abre la hoja. En este Ti Kuan Yin encontramos hojas individuales cuidadosamente trabajadas. En muchos oolong taiwaneses enrollados en bola, en cambio, es habitual encontrar al desplegarlos pequeños conjuntos de dos o tres hojas todavía unidos al tallo. Son maneras diferentes de trabajar la materia prima y una buena muestra de todo lo que puede esconderse dentro de esas pequeñas bolas de té seco.
Este Ti Kuan Yin procede de Anxi, en Fujian, la región histórica de esta variedad. Está elaborado con una oxidación media y un tostado muy sutil: suficiente para darle cuerpo y profundidad sin ocultar su carácter floral, mineral y meloso.
Y tiene otra particularidad que nos gusta mucho: no está planteado como un té de exhibición o una rareza para guardar, sino como un Ti Kuan Yin de buena calidad pensado para beberse habitualmente. Puede prepararse con calma en gong fu cha, pero también funciona perfectamente en una taza grande o en el trabajo.
A veces merece la pena no tirar las hojas inmediatamente después de preparar el té. Mirarlas también forma parte de conocer lo que estamos bebiendo.