La producción agraria actual ha llegado durante las últimas décadas a un
proceso de gran intensificación, que a costa de aumentar la productividad está
generando consecuencias para el medio ambiente muchas veces irreversibles. Contaminación de las aguas por nitratos, aumento de la erosión, pérdida
de biodiversidad, aparición de resistencias en plagas, despoblamiento de las zonas
rurales... son sól
o algunas de las terribles consecuencias que aquejan a un sector
en constante abandono. Además, los planteamientos seguidos hasta ahora en la agricultura
convencional no terminan de dignificar una actividad a todas luces de vital
importancia para la sociedad en general. La aparición cada vez más
habitual de escándalos alimentarios, unido
a un creciente interés por el medio
ambiente y su conservación, han hecho
que comience a tomar impulso una nueva
forma de entender la agricultura. El uso racional de los recursos,
junto con la gestión integral de los
ecosistemas, se perfilan como las
herramientas básicas para retomar una
forma de cultivo respetuosa con el medio
ambiente y con la salud de las personas
que en él viven.
¿Por qué agricultura ecológica? En respuesta a todos éstos problemas planteados por la agricultura
“química”, nace un nuevo concepto de trabajar la tierra, la “Agricultura
Ecológica”. Con distintos términos que la identifican: ecológica, biológica, orgánica o
biodinámica, podemos encontrar en el mercado alimentos producidos siguiendo
una serie de técnicas, que buscando la máxima calidad, respetan los ciclos
naturales y no permiten el uso de productos químicos de síntesis. Así pues, podemos definir la Agricultura Ecológica como un sistema de
producción basado en la fertilidad natural del suelo, que aunando las técnicas
tradicionales con los conocimientos científicos actuales, trata de producir
alimentos sanos de la máxima calidad sin perjudicar el medio ambiente que la
sostiene. Podemos resumir los objetivos de la Agricultura Ecológica en los
siguientes puntos:
· Conservación y mejora de la fertilidad del suelo.
· Calidad en los alimentos producidos.
· Mantenimiento de la biodiversidad.
· Empleo de recursos renovables en la producción.
· Cierre de ciclos de nutrientes en la propia finca.
· Integración en el agroecosistema.
· No contaminación del medio.
· Dignificación del trabajo agrario.
· Recuperación de los recursos fitogenéticos. Javier Alonso Diaz y Ana Rodriguez de la Iglesia.