29/11/2017
EL TÉ VERDE
En verdad, ¿qué sabemos del té?
El té es la bebida más consumida del mundo después del agua. El té verde representa el 18% del consumo de té mundial, mientras que el té negro supone el 80%.
Existe un amplio desconocimiento alrededor del té. Cuando hablamos de té negro, verde o blanco, nos imaginamos plantas de diferentes especies con hojas que irían del verde oscuro al verde claro, pero la realidad es bien distinta.
Las 3.200 variedades de té que existen proceden todas ellas de una sola y única especie de arbusto, la planta de té, también conocida como camelia de China (en latín Camelia sinensis).
Hay varios factores que determinarán el aroma del té: el clima, la altitud, la estación de recogida (primavera, verano, otoño o invierno) y, sobre todo, el tratamiento posterior a la recogida.
El tratamiento es una fase clave que marca la gran diferencia con respecto al sabor final de la infusión (el marchitado de las hojas, la oxidación, el secado, la torrefacción, la posfermentación, el perfumado, la aromatización, los secretos de elaboración…).
De entrada, se obtiene una variedad infinita de bebidas, incluso si comparamos dos tipos de té verde. Hay quien dice que el sabor del té verde de Japón se parece más a una sopa de berros que al té que se bebe en Europa.
El té verde, el más valioso
De entre todos los tés, el té verde es el más apreciado por sus propiedades terapéuticas. La diferencia entre las variedades de té nace en el tratamiento de las hojas. Y el té verde es el que menos tratamientos recibe, lo cual permite conservar al máximo sus propiedades y sustancias activas.
El té verde no es simplemente una infusión verde. Contiene grandes cantidades de polifenoles, como flavonoides y catequinas y principalmente epigalocatequina galato (EGCG), cuyo poder antioxidante está muy estudiado. La EGCG es uno de los antioxidantes más potentes que se conocen.
Además, el té verde es rico en vitamina C, que es otro buen antioxidante. Contiene también cafeína y otras vitaminas (A, B, B2, K y PP), y asimismo podemos encontrar en él manganeso y selenio, que previenen los daños asociados a los radicales libres; zinc, que mejora las funciones neurológicas, y magnesio para mejorar los niveles de energía.