07/08/2025
ALGO DE QUE PLATICAR
Familias de arraigo en Culiacán. Apellidos de la región.
¿Qué sucedía en Culiacán hace 300 años? Por el relato del Obispo de Guadalajara, Alfonso de la Mota y Escobar, pudimos conocer muchos datos interesantes acerca de lo que acontecía en el siglo XVII por estas tierras. Pero luego vienen lagunas de información histórica, que hacen suspirar al contemplar al ser viviente más viejo de todo el municipio de Culiacán: el ahuehuete o sabino que se encuentra al extremo oriente del Paseo Niños Héroes o Malecón, en el fraccionamiento “Las Quintas”.
Buscando datos acerca de esos lejanos días, dimos con un trabajo de don Antonio Nakayama, aparecido en su libro “SINALOA: EL DRAMA Y SUS ACTORES”. Versa sobre la familia más antigua de Sinaloa, y afirma que el apellido más antiguo, y de prosapia en Culiacán es el de Verdugo-
Cita el documento colonial “RELACIÓN DE CULIACÁN”, suscrita en 1583 por el teniente y tesorero de la Villa de Gaspar de Osorio, y la “Información testimonial levantada a instancias de Alférez D. Lázaro Verdugo Lázaro Verdugo Chávez para acreditar la limpieza de sangre de doña María del Río dela Loza y de doña Francisca de Chávez y Verdugo”, cuyo testimonio fue autorizado en la Villa de San Miguel de Culiacán en 1676.
“De ambos documentos se desprende que los primeros Verdugo aparecieron en aquella villa a mediados del siglo XVI; que su tronco fue Lázaro de Cebreros, soldado natural de la villa de Cebreros que acompañó a Nuño de Guzmán, quedándose en San Miguel como uno de los pobladores “y fue capitán muchas veces en la pacificación de esta provincia después que se conquistó hasta el día que murió”. Casado con Lucía Muñoz –que aún vivía en 1583- tuvo 3 hijos llamados Domingo de Cebreros, Juan Pérez de Cebreros y Miguel de Cebreros.
Al primero se le había dado en repartimiento los poblados de Tedariacato y Comanito y era corregidor de los de Mezcaltitán y El Vizcaíno; Juan Pérez de Cebreros, del cual no tenemos constancia de que se haya casado, gozaba del corregimiento de Hulacrito, y entre otros puestos desempeñó la alcaldía mayor de San Felipe y Santiago de Salinas.
En cuanto a Miguel de Cebreros se le adjudicaron los corregimientos de Oguani y Xifa y fue quien sostuvo a Lucía en su viudez”.
En un viaje que hizo Domingo de Cebreros a la ciudad de México, conoció allí a doña Gracia de Chávez y Verdugo, retoño “del tronco del linaje de los Verdugos y que era su padre de la ciudad de Trujillo en la Extremadura”. Y dice don Antonio Nakayama que, “como tal vez en Culiacán había escasez de mujeres castellanas, o no se hubiera prendado de ninguna de ellas, ese romance culminó en matrimonio. La doncella debe de haberse enamorado del hijo de Lázaro de Cebreros, ya que solo el amor podía impulsarla a dejar las comodidades de la gran Tenochtitlán para ir a vivir en un punto tan remoto, como era la Villa de San Miguel de Culiacán”.
Como es bastante extensa la historia a la que se refiere don Antonio, pasamos a otra parte de sus crónicas donde afirma que “la continua repetición de nombres entre los miembros de las familias culiacanenses de los siglos XVII y XVIII, hace que el investigador caiga en confusiones que pueden ser de gran trascendencia en el estudio de las genealogías correspondientes”.
Aún más adelante, refiere Nakayama que el padre fray Antonio Tello nos legó la nómina de los pobladores de la villa de San Miguel, y en ella, al lado de los nombres de don Pedro de Tovar, Castañeda, de Nájera, Diego López y otros más, parece Lázaro de Cebreros.
“Para el año de 1583 vivían unos cuantos descendientes de conquistadores y un gran número de nuevos pobladores sin significación económica y social, y en este conglomerado sobresalía un hijo de Pedro de Tovar y los vástagos de Lázaro de Cebreros.
En la segunda mitad del siglo XVII empezaron a sonar nuevos apellidos: Fernández Rojo, Del Castillo y Cabanillas. Álvarez de la Bandera, Iturríos, Amarillas, Palazuelos, Zazueta y varios otros, y en las primeras décadas del XVIII aparecen los Espinoza de los Monteros, Urrea, Alcayde, Zayas, de Córdoba, Agramont, Montes Vidal, etcétera, y más tarde: Mendazona, De la Vega, Gómez de la Herrán, Diez de Martínez, Tellaeche y otros pero dominando siempre el escenario los Verdugo, que a la postre tendrían que ceder la preponderancia a los De la Vega”.
Antes de terminar es interesante consignar aquí la opinión del distinguido historiador don Anastacio G. Saravia, en cuanto que no es muy común encontrar en América familias que arranquen directamente del siglo XVI. Pero tan parece que en nuestra región hubo familias que llegaron para quedarse, no obstante las durezas de la vida y lucha por la sobrevivencia en aquellos lejanos años.
Fuente: Culiacán, 450. Crónicas y Relatos. Zazueta Zazueta, María Teresa.