28/06/2026
Sabias 𝐪𝐮𝐞́ : 𝐥𝐚 𝐡𝐢𝐩𝐞𝐫𝐬𝐞𝐧𝐬𝐢𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐚𝐮𝐭𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 '𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫', 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐮𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐬𝐨𝐫 𝐧𝐞𝐮𝐫𝐨𝐛𝐢𝐨𝐥𝐨́𝐠𝐢𝐜𝐨‧
Nos han vendido la idea últimamente de que muchas manifestaciones del autismo son formas de ser, que no tienen nada que ver con lo neurobiológico. Todo por el temor a vincular al TEA con enfermedad. Algo como no tolerar ciertos tipos de prendas o que duela un abrazo, lo llevaron al nivel de “no me gusta” o como si fuera una elección.
Mientras algunos autistas circunstanciales relatan que las etiquetas de la ropa les “fastidian”, las personas que viven el autismo 24/7 pueden estar sintiendo dolor real por el roce de ese trozo de tela cerca a la nuca. Y ese “dolor” tienen nombre: alodinia.
La alodinia es un síntoma provocado por estímulos no amenazantes que el cerebro percibe como altamente dolorosos: el roce de la tela, el contacto físico, el calor, el frío, ciertos sonidos e incluso sostener la mirada. Puede afectar al 90% de las personas diagnosticadas con autismo; y sí, tiene que ver con el sistema nervioso central y es un síntoma neurológico.
Para entender la alodinia debemos conocer dos sistemas de cableado: uno, la nocicepción que es la vía del sistema nervioso que alerta sobre señales de daño potencial y activa el mecanismo de “huida”, como cuando quitamos automáticamente la mano de una superficie caliente o cuando algo te pincha un dedo; y dos, El sistema que siente las texturas, las etiquetas y el roce suave que se llama Sistema Táctil Discriminativo.
En las personas autistas estos dos mecanismos, la nocicepción y el tacto discriminativo están descalibrados, por así decirlo. La nocicepción lleva a la persona a sentir dolor real por una amenaza inexistente que el cerebro interpreta como daño doloroso (el roce de una etiqueta activa el sistema neurológico del dolor), es decir, no es un simple estímulo molesto, sino dolor potencial.
Y en el tacto discriminativo descalibrado, siguiendo con el ejemplo de las etiquetas, el sistema nervioso deja de procesar la etiqueta como un elemento adicional a la prenda, que luego debería ignorarse, y dispara una señal de alarma que traduce también dolor.
Lo que en realidad está descalibrando todo es el sistema de sensibilización central, un error de cableado que hace que ciertas sensaciones se desplacen siempre por el canal del dolor: el cerebro, al recibir la información, no identifica el origen sino que lo traduce como amenaza. Además, el freno sináptico se atrofia y se vuelve muy rápido para interpretar todo como dolor, sumémosle que lo amplifica y para completar lo pone en estado hipervigilante.
En todo este proceso intervienen las interneuronas inhibitorias (GABA y Glicina) que modulan el umbral de dolor; un neurotransmisor llamado Glutamato; receptores de NMDA que regulan la memoria y el aprendizaje del sistema nervioso y que cuando se sobreactiva, le enseña al sistema nervioso que todo es amenaza y que desencadene el “protocolo dolor” constante y sin discriminación. ¿Ven que el autismo es más que un "estilo de vida"?
Ahora, vayamos a lo que desencadena todo este desmadre neurosensorial en una persona autista:
Agotamiento y meltdown. La constante acumulación de percepción de dolor y otros sucesos amenazantes a lo largo del día liberan cortisol y colapsan el sistema. Esto también tiene nombre: “carga alostática”. Un sistema que entra en déficit debido a una alodinia que consume el 80% de los recursos solo porque una etiqueta en la ropa estuvo excesivamente presente.
De ahí que sea tan irresponsable calificar ciertas manifestaciones del autismo como “preferencias” o cuestiones de personalidad. Hacen que algo con fundamento científico se interprete como un capricho, un rasgo de carácter y no como un estresor neurobiológico.
Cuando una persona autista llega al colapso, ha tenido que pasar por todo un proceso sostenido. Es momento de empezar a respetar al experiencia autista, porque a veces duele de verdad.
Por Angela Corredor