11/06/2025
¿Por qué La Quinta Jícara?
Un destilado con alma, mito y raíces.
En la antigua tradición mexica, existe un mito poderoso:
Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, señores opuestos y complementarios, disputaban el dominio del mundo. Fue entonces que nació el pulque, la bebida sagrada. Se dice que cuatro jícaras fueron derramadas sobre la tierra para dar origen a los pueblos… pero la quinta jícara no fue derramada.
Quetzalcóatl, el señor del viento, la vida y el conocimiento, gobernaba con sabiduría y templanza la gran ciudad de Tollan (hoy Tula, Hidalgo).
Era un tiempo de equilibrio, de trabajo, de respeto a los ciclos del maíz y del maguey. Quetzalcóatl había prohibido los sacrificios humanos y vivía en abstinencia, consagrado a la creación, al saber y al alma.
Pero en la penumbra del universo, Tezcatlipoca, el señor del espejo humeante, de la noche, el destino y la transformación, observaba. No como enemigo, sino como fuerza necesaria del cambio. Él sabía que ningún equilibrio es eterno. Que hasta el dios más sabio debe conocer su sombra.
Un día, disfrazado de anciano, Tezcatlipoca visitó a Quetzalcóatl. Le ofreció una bebida contenida en cuatro jícaras, hecha de la savia del maguey fermentada por los dioses: el pulque.
Quetzalcóatl dudó. Pero tras cada jícara, su mente se abría, su alma se volvía ligera, su cuerpo se llenaba de visiones. La bebida no era maligna… era sagrada.
Cuando bebió la quinta jícara, su espíritu se quebró...Y al amanecer, avergonzado, abandonó Tollan, perdiéndose en el horizonte.
Muchos lo vieron partir convertido en estrella, o en serpiente de fuego, prometiendo volver.
La quinta jícara era distinta:
era la del espíritu, la del destino, la del despertar interior.
No fue un castigo, sino una iniciación. Porque todo dios, todo ser, debe pasar por el caos para transformarse.
Al nombrar así nuestro destilado de pulque, honramos ese momento mítico, cuando lo sagrado tocó la conciencia y sembró el misterio en la historia de Hidalgo.
La Quinta Jícara no es solo una bebida.
Es memoria líquida.
Es fuego y espejo.
Es el trago que no se derramó.