09/12/2025
El desayuno que Monterrey presume: la historia de ¡Qué Huevos!
Por Salomé Martínz
En el Centro de Monterrey, entre las calles Madero y Arteaga, un letrero amarillo anuncia un nombre que provoca sonrisa inmediata: ¡Qué Huevos!. El restaurante, ubicado en Capitán Aguilar 915 Norte, es grande, luminoso, suena a sartenes y cucharas como las cocinas donde se cocina con pasión. Ahí, Alonso Valdéz —fundador, propietario y alma del negocio— recibe a los clientes con la misma frase que se repite desde hace una década: “Aquí venimos a desayunar bien y a vivir con ganas.”
Valdéz, hombre de humor sencillo y manos de oficio, cuenta que la historia del restaurante no comenzó con fogones, sino con cajas de huevo.
“Empezamos vendiendo huevos, nada más huevos. Por eso el changarro se llama así”, narra divertido. “Era el 20 de marzo de 2015, un día muy agradable… y de muchos nervios”.
Lo que empezó como una vendimia modesta terminó evolucionando casi por accidente. Un joven desempleado necesitaba trabajo y Alonso decidió abrir la cocina “para echarlo a andar”.
“El restaurant salió de chiripa, pero sirvió para que él hiciera su vida y yo me siguiera moviendo, porque ya estoy macizo”, bromea.
Cocina de rancho y recetas heredadas.
Detrás de los sartenes y cacerolas hay otra historia: la de los padres de Valdéz, originarios de Montemorelos.
“Mis padres eran buenísimos para cocinar, alimento de rancho, y así la hago yo”, explica. “Comida casera al cien por ciento, como la que se hacía en el municipio de Montemorelos”.
Esa raíz doméstica se nota. En Qué Huevos! los clientes pueden pedir los huevos exactamente como los imaginan: con tortilla arriba, abajo, con jamón, con salsa quebrada, molida o con mozzarella.
“Aquí comemos los huevos como tú quieres, no como yo quiera”, afirma. “Son huevos al gusto, al gusto de verdad”.
La especialidad de la casa es clara: machacado con huevo, huevos rancheros y chilaquiles. Estos últimos, crujientes y sabrosos, tienen fama entre los comensales: “Los ponen como los mejores que han comido”, presume el dueño. Los hay verdes, rojos, en pasilla, guajillo, enmoladas con huevo estrellado o con guisos como asado de puerco y chicharrón los acompañamos con café de olla o jugos de frutas naturales.
Un lugar para desayunar… y para celebrar
El horario es de martes a sábado, de 7:30 a 15:00 horas. Los domingos y lunes son sagrados:
“Son mis días de descanso. Estoy viejito”, dice entre risas.
Aun así, el restautante se llena. Familias completas celebran cumpleaños y aniversarios —con pastelito elaborado ahí mismo— y estudiantes se instalan a hacer tareas gracias al wifi y a las tomas eléctricas.
“Es un lugar sano, seguro. Aquí vienen niños de tres o cinco años a jugar y los padres están tranquilos”, asegura.
Pese al ambiente casero, el restaurante puede recibir hasta 100 personas gracias a su terraza techada. De colores brillantes, el espacio está pintado para reflejar un espíritu claro:
“Es alegría, ganas de vivir. Que se vea luz, que se vea que queremos salir adelante”, explica Alonso.
Huevos, oficio y una comunidad que vuelve
Las anécdotas abundan: clientes que vienen desde la región citrícola, Valle Verde, San Jerónimo y Sam Pedro porque el machacado “está mejor que en otras partes, familiares del expresidente Madero que llegan por recomendación y, sobre todo, historias de transformación dentro de la misma cocina.
Su cocinero, Carlos, es un ejemplo.
“Llegó hace 15 años siendo albañil, sin saber partir un huevo. Hoy es el cocinero que la gente busca”, dice con orgullo.
Y también están las historias divertidas, como la del cliente que reclamó que los huevos rancheros debían llevar tortilla abajo.
“Le dije: ‘Perdóneme, pero aquí son al gusto. Usted dígame cómo los quiere y así se los hago’. No fallé yo, falló él por no pedirlos como los quería”, recuerda entre carcajadas.
Un negocio en movimiento
Los precios no pasan de los 200 pesos por plato, y la propuesta evolucionará en enero, cuando lancen un taco jumbo estilo Arteaga, Coahuila, de guisos y en diferentes tipos de harina. También planean mesas exteriores, toldos y una presencia más visible en la calle.
A sus 10 años de historia, Qué Huevos! sigue funcionando con apenas tres personas:
“Nos damos abasto, pero vamos creciendo. Cada día es un reto distinto porque cada cliente quiere sus huevos de una forma nueva”.
“Arriba y adelante”
Cuando le pregunto qué piensa cada mañana antes de abrir, no duda:
“Arriba y adelante. Vámonos. Hay que trabajar y con el pie derecho”.
En Qué Huevos!, el desayuno no es solo comida: es identidad, memoria familiar y ganas de seguir adelante. Allí, los huevos —estrellados, rancheros, machacados, sorprendentes— cuentan una historia tan regiomontana como su dueño: una mezcla de oficio, humor y terquedad para vivir con sabor.
Reservaciones o pedidos: 81 8348 5252.
Dirección: Capitán Aguilar 915 Norte, entre Madero y Arteaga, Centro de