26/07/2026
Mucho antes de la prohibición, el cannabis formaba parte de la economía agrícola en distintas regiones del mundo.
De esta planta se obtenían fibras para textiles, cuerdas y papel, semillas para alimentación y aceite, además de otros usos industriales que generaban empleo y valor agregado.
Hoy, el reto no es regresar al pasado, sino construir un modelo moderno, responsable y trazable.
La reincorporación del cannabis a las cadenas de valor puede abrir nuevas oportunidades para el campo mexicano, especialmente en regiones con vocación agrícola como Campeche.
Comunidades menonitas y mayas poseen décadas —e incluso siglos— de conocimiento sobre producción agrícola.
Con investigación, regulación clara y acceso a mercados formales, el cannabis podría convertirse en un cultivo de alto valor que complemente las economías locales, incentive la conservación de recursos y promueva un desarrollo rural más diversificado.
El futuro del cannabis no depende únicamente de la planta, sino de la capacidad de transformar conocimiento, producción y legalidad en oportunidades para las comunidades.