11/06/2026
Pon al lobo a redactar la ley… y devorar ovejas no será delito.
A veces, cuando alguien se porta mal conmigo, lo primero que pienso es:
”¿Qué hice yo para que me trate así?”
Me cuestiono, me culpo, me quiebro buscando una explicación dentro de mí… mientras el otro sigue su camino, ileso arrogante, impune.
Eso es lo que ocurre cuando, sin darnos cuenta, dejamos que el lobo redacte la ley.
Cuando permitimos que quien daña imponga las reglas, los límites, las versiones, la culpa.
El narcisista, el manipulador, el abusador emocional… no solo te hiere:
Te convence de que la herida es tu culpa.
Y la culpa es el arma preferida del EGO.
Te insinúa que si está de mal humor es por algo que tú hiciste.
Que si te grita, es porque tú lo provocaste.
Que si te rechaza, es que no eres suficiente.
Que si te deja, es porque no “estuviste a la altura”.
Y tú… le crees.
Porque has sido programado para creer que si alguien se comporta mal, algo falló en ti.
Pero no, no fue tu culpa.
El lobo ya venía con hambre.
Y llevaba tiempo escribiendo su propia ley:
Una en la que todo lo que hace se justifica, y todo lo que tú sientes se descarta.
Recuperarte no es solo sanar la herida.
Es revisar las leyes que te implantaron.
Es atreverte a decir:
“Esto que siento es válido.”
“Esto que hicieron, no estuvo bien.”
Porque la dignidad empieza ahí:
Cuando rompes el contrato mental que alguien escribió sobre tu dolor con su tinta venenosa.
Soy Principio Y Fin De Lo Que Me Sucede.