19/09/2023
Hoy desperté tempranito, de muy buen ánimo, y me dispuse a limpiar mi sala de TV a la que hace tiempo no le dedicaba un trapazo. Tengo muchos marcos con fotografías en esa sala, sobre todo fotografías de mi hija de quien estoy intensamente orgullosa; entre esos marcos hallé uno con una fotografía de mi, de hace al menos 17 años.
Me dio nostalgia verme joven y delgada; obviamente los recuerdos brotaron sin parar, y concluí que fue mi época más bonita.
En ese entonces yo tenía 24 años; unos años atrás, al menos 5 calculo, me había decidido a perder peso por segunda vez en mi vida, realmente lo logré.
Esta vez llegué a pesar 55kg y me veía espectacular.
Toda la ropa me lucía bien, y vestirme no era ningún problema.
Salía y le mostraba al mundo lo bella que era…
Así, con ese lindo cuerpo disfruté unos 10 años, haciendo de todo para conservarme, privándome de comer cosas procesadas y cualquiera que viniera en una envoltura o tuviera azúcar. Aborrecía el pan dulce, y el café lo tomaba solo: sin azúcar, ni crema o leche. Corría todos los días al menos media hora o 40 minutos… ¡Que tiempos! Y como dicen las abuelitas: “Juventud, divino tesoro”.
Al día de hoy, hay momentos que de sólo vestirme sudo. Ponerme un jean es lo más difícil, y siempre es como una ruleta porque nunca estoy segura si me quedará bien o va a estar extremadamente justo…
Debo contarles también que llevar zapatos me resulta sumamente molesto para la tarde; es decir, para las 12 del mediodía los zapatos me calan porque los pies se me hinchan. Siempre tengo marcas en los pies debido a la hinchazón.
Me volví adicta a la Coca-Cola y estoy luchando para dejar de tomarla; siento y creo que es mi peor ruina.
No puedo, ni debo seguir con este ritmo de vida, sintiendo cómo cada día me desvanezco y doy paso a la silueta de una persona que desconozco y aborrezco con todas mis fuerzas. No quiero seguir siendo una gorda por el resto de mi vida. Me resigno a aceptar que el tiempo sigue pasando en mi, que no soy una jovencita, y no anhelo serlo nuevamente, pero no me resigno a aceptar que soy una mujer de talla extra grande y no luchar por dejar de serlo…
Me gustaría saber qué me llevó a descuidar mis decisiones alimenticias, o sea ¿qué es lo que cambió en mi mente, que no puedo tomar la rienda y hacer lo propio para bajar de kilos?, ¿por qué me resulta tan satisfactorio comer un pan por la mañana, y el café con crema “de la que engorda”?. Amo cocinar para deleitar a mi familia, amo sentarnos los tres a la mesa y observar cómo disfrutan de una buena comida. Me gusta cocinar y saborear lo que preparo, pero creo que tengo que parar… tengo que hacer un alto y reiniciar esa costumbre a algo mas ligero o a porciones más adecuadas.
Al terminar de escribir esto, me voy a poner un recordatorio en el refrigerador, para no perder de vista empezar a buscar y elegir platillos más ligeros, y hasta equivalencias caloricas. Eso haré.
Por hoy creo que dejaré este post hasta aquí, esperando que este desahogo sea parte de un proceso de cambios.
Con amor, para mi y las personas que transitan por este mismo conflicto.
Jo