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EL CULTO EN LA IGLESIA La palabra “culto” en nuestro idioma tiene sus raíces en el latín “cultus”, que significa “cultiv...
26/10/2025

EL CULTO EN LA IGLESIA

La palabra “culto” en nuestro idioma tiene sus raíces en el latín “cultus”, que significa “cultivo”, “cultivar”, “cuidar”. Tenía que ver principalmente con el cultivo de la tierra. Más tarde también se asoció con “practicar algo con frecuencia”. La palabra “cultura” también está relacionada con esta, ya que sería como “el cultivo de la mente”. Por este significado, después paso a usarse como sinónimo de adoración a los dioses.

Teniendo esto en mente, cuando hoy hablamos de “culto” en la iglesia, estamos hablando de algo más que reunirse 3 horas para cantar, leer la Biblia, oír la predicación, etc. En realidad cuando vamos a un culto es para ser “cultivados”, para que así como pasa con la tierra, podamos dar fruto para la gloria de Dios. En otras palabras, el fruto de lo que Dios ha hecho en la vida nuestra, no se ve en los cultos de la iglesia, más bien se ve con claridad cuando estamos fuera de las cuatro paredes. Es ahí, en la vida diaria, allá afuera, ante el mundo, que se refleja lo que se está haciendo cuando nos congregamos en una iglesia local.

Así que mis amados hermanos, cuando vayamos al culto, no lleguemos a dormir, a fisgonear a los hermanos, o a criticar a medio mundo, más bien asegurémonos de ser una buena tierra donde la palabra de Dios pueda caer y germinar para que así haya fruto abundante en nosotros para la gloria de Dios.

“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8).

, su servidor.

LA CAJA DE CLAVOS‼️“A MIS OTROS HIJOS LES DEJO LA CASA, A TI TE DEJO ESTA CAJA DE CLAVOS OXIDADOS PARA QUE TE ACUERDES D...
24/08/2025

LA CAJA DE CLAVOS

‼️“A MIS OTROS HIJOS LES DEJO LA CASA, A TI TE DEJO ESTA CAJA DE CLAVOS OXIDADOS PARA QUE TE ACUERDES DE TU LUGAR”‼️
HISTORIA COMPLETA
“A mis otros hijos, Ricardo y Sofía, les dejo la casa grande, las tierras del norte y el dinero que hay en el banco. A ti, Mateo, te dejo esta caja de clavos oxidados para que te acuerdes de tu lugar”. Esa fue la frase que el abogado leyó del testamento de mi padre. Y en ese instante, el mundo se me vino abajo. No por la casa, no por el dinero, sino por esa última frase, un golpe final que mi padre me daba incluso desde la tumba.
Toda mi vida fui “el otro”. El hijo prieto. El que no se parecía a mi madre, tan blanca y de ojos claros como mis hermanos Ricardo y Sofía. Ellos eran “los niños de la casa”, los que estudiaron en la capital, los que se fueron al extranjero a “triunfar”. Yo fui el que se quedó. El que cambió los libros por el azadón para que a ellos no les faltara nada. El que le limpió las llagas a mi padre en sus últimos tres años de vida, cuando el cáncer se lo comía por dentro y mis hermanos solo llamaban en Navidad para decir que “no podían viajar”.
“Mateo, hijo, pásame el agua”, “Mateo, cámbiame las sábanas”, “Mateo, el dolor no me deja dormir”. Durante tres años, la voz de mi padre fue la banda sonora de mis días y mis noches. Perdí mi juventud, mi novia se cansó de esperarme y mis manos se llenaron de callos. Pero no me importaba, era mi padre. Y yo, en mi estupidez, creía que en el fondo de su corazón, él valoraba mi sacrificio. Qué iluso fui.
Mis hermanos llegaron para el funeral. Ricardo, con su traje caro que olía a perfume importado, y Sofía, con sus lentes de sol de diseñador y su aire de asco por el polvo de nuestro pueblo. No derramaron una sola lágrima. Solo paseaban por la casa, midiendo las paredes con la mirada, hablando en voz baja sobre el precio de los terrenos, sobre “remodelar para vender rápido”. A mí ni me miraban. Era parte del mobiliario viejo, como la mecedora de la abuela o las fotos sepia de la pared.
La noche del velorio, escuché a Ricardo hablar con su esposa por teléfono. “Sí, mi amor, todo en orden. El viejo por fin se fue. La casa es enorme, la venderemos por un dineral. ¿El otro? Ah, te refieres a Mateo. Sigue aquí, con su cara de perro apaleado. No te preocupes, le daremos unas monedas para que no moleste. Al final, es lo que es, ¿no? El prieto que cuida la finca”.
Cada palabra fue una puñalada. Pero aguanté. Aguanté por la memoria de mi padre, por el respeto que él, aparentemente, nunca me tuvo.
Y entonces llegó el día de la lectura del testamento. El abogado, un hombre serio y viejo amigo de mi padre, me miraba con una lástrica que yo no entendía. Cuando leyó esas palabras terribles, Sofía soltó una risita burlona. Ricardo sonrió con suficiencia. “Una caja de clavos… qué poético”, dijo Ricardo, y le dio una palmada en la espalda al abogado. “Es lo justo. Él siempre fue bueno para las tareas manuales”.
Me pusieron en las manos una vieja caja de herramientas de mi padre. Pesaba. Estaba oxidada y sucia. Sentí la humillación quemarme la cara. Mis hermanos me miraban como si fuera un espectáculo. El abogado carraspeó y dijo: “Joven Mateo, su padre me pidió que le dijera algo en privado cuando le entregara… su herencia”.
Ricardo y Sofía protestaron. “¡Todo debe ser transparente!”, gritó ella. El abogado, con una calma glacial, los miró y dijo: “La lectura principal ha terminado. Esto es un encargo personal”.
Me llevó a un rincón, lejos de las miradas venenosas de mis hermanos. Mis manos temblaban mientras sostenía la caja. Quería tirarla, romperla, gritar. “Tu padre era un hombre complicado, Mateo”, me dijo el abogado en voz baja. “A veces, el orgullo no deja ver el corazón. Me dijo: ‘Mi Mateo es el único que tiene el corazón de un verdadero constructor. Los otros solo saben de demolición. Él sabrá qué hacer con mis herramientas’”.
No entendí nada. ¿Constructor? ¿Herramientas? Abrí la caja. El ruido del metal oxidado llenó el silencio. Dentro no había clavos. Había fajos y fajos de billetes, ordenados, apretados. Y debajo de todo, un sobre amarillo con mi nombre. Y junto a él, un juego de llaves.
Con los dedos torpes, abrí el sobre. Era una carta de mi padre, escrita con su temblorosa caligrafía de los últimos días.
“Mi querido Mateo,
Si estás leyendo esto, es porque has aguantado mi última y más cruel jugarreta. Perdóname, hijo. Fui un cobarde. Vi la avaricia en tus hermanos desde que eran niños y nunca supe cómo detenerla. Les di todo lo material y los convertí en monstruos. A ti, en cambio, te di la espalda, te traté con dureza, y te convertiste en el único hombre de verdad en esta familia.
La casa y las tierras del norte están hipotecadas hasta el cuello por las deudas de juego de Ricardo y los negocios fallidos de Sofía. Lo que les he dejado es una cáscara vacía, una deuda que los perseguirá. Ellos, en su codicia, nunca se molestaron en revisar los papeles. Solo vieron el ladrillo y el terreno.
Dentro de esta caja está todo el dinero que ahorré en mi vida, el dinero real. Y esas llaves… son de la finca del sur, la que compré en secreto hace veinte años, la más fértil de la región. Está a tu nombre desde el día que la compré. Siempre fue para ti. Fui un necio, Mateo. Quise protegerte de ellos, pero lo hice hiriéndote. El color de tu piel, que tu madre y tus hermanos siempre vieron como una mancha, para mí siempre fue el color de la tierra buena, la que da frutos, la que es honesta.
Ve y construye tu vida, hijo. Usa mis verdaderas herramientas. Perdóname por haberte enseñado el valor del amor a través del dolor”.
Levanté la vista. El abogado me sonreía con tristeza. Mis hermanos, al otro lado de la sala, empezaban a recibir las llamadas del banco. Sus rostros se descomponían, la euforia se transformaba en una máscara de pánico y furia. Me miraron. Miraron la caja en mis manos. Y por primera vez en sus vidas, me vieron. Vieron al hermano al que habían despreciado, al que le habían deseado un lugar de miseria, sosteniendo el verdadero tesoro de la familia.
Cerré la caja, la abracé contra mi pecho y caminé hacia la puerta sin decir una palabra. Su ruina era mi herencia; mi dolor, el precio de mi libertad.
Algunas cicatrices no se ven, pero son las que construyen o destruyen a un hombre. Mi padre me dejó ambas, y yo decidí con cuál quedarme.

15/07/2025
EL VALOR DE LA FAMILISAl verlo llegar tarde De pronto aparecio LA MADRE en la puerta de su ca —Aquí no eres bienvenido. ...
01/07/2025

EL VALOR DE LA FAMILIS

Al verlo llegar tarde De pronto aparecio LA MADRE en la puerta de su ca

—Aquí no eres bienvenido. Y no quiero verte más.

Eso fue todo.

No hubo explicaciones, ni reclamos, ni llanto.
Solo una puerta cerrándose con rabia y una voz que nunca pensó escuchar así: la de su madre.

Él, con 22 años, creyó que solo iba a tener una discusión más.
Una de esas peleas absurdas que siempre terminaban con el clásico “largo de aquí, pero igual regresas”.

Pero esta vez no.

Esta vez lo corrió… de verdad.

Sin dinero, sin celular, sin mochila.
Solo con lo puesto y el orgullo herido.

Primero fue con su mejor amigo.
El de las risas, las fiestas, los “aquí estamos para lo que sea”.

—¿Puedo quedarme unos días? Me sacaron de mi casa.

—Uy, bro… es que ya sabes, mi jefa no quiere visitas. Y aparte mañana tengo cosas… tú entiendes, ¿no?

Sí, entendió.

Siguió con otro.

—Me quedé sin casa.

—¿Y qué? ¿Te vienes a vivir aquí? Aquí no es albergue, carnal.

Sí, entendió otra vez.

Buscó a su novia.
La misma que le juraba amor eterno.
Le lloró, la abrazó, le pidió ayuda.

Ella se quedó callada.
Y regresó con un simple:
—Mis papás dicen que no… y yo… tampoco puedo. Perdón.

Y se quedó solo.

Solo como nunca.

Horas después, en una banqueta, mirando al cielo, con hambre, coraje y decepción, entendió algo:

Había estado rodeado de gente que lo quería solo cuando tenía algo que dar.

Y justo cuando la tristeza empezaba a volverse costumbre… apareció su madre.

—Vámonos a casa.

—¿Para qué? ¿Para que me vuelvas a correr?

—No. Para que entiendas.
Súbete.

En el camino, nadie habló.
Solo el silencio entre ambos pesaba como castigo.

Al llegar, ella lo sentó, lo miró a los ojos… y sin titubear, le dijo:

—Te saqué de la casa porque necesitabas abrir los ojos.
Porque te la pasas rodeado de gente falsa, interesada, cobarde.
Y tú jurabas que eran tu familia.

—Yo no te iba a enseñar eso con palabras.
Tenías que vivirlo.
Tenías que caerte y ver quiénes se agachan a levantarte… y quiénes te pisan.

Él se quebró.

Y en medio de su llanto, ella lo abrazó como cuando era niño.
Sin juicios. Sin “te lo dije”.
Solo con amor.

Y entendió.

Entendió que a veces quien más te ama, no te cuida…
te confronta.
Te sacude.
Te deja caer para que veas con tus propios ojos lo que no querías aceptar.



Porque la vida te enseña: cuando tienes, todos te celebran.

Pero cuando no tienes nada… descubres quiénes realmente te sostienen.

VALORA A TU FAMILIA
Y RECUERDA Q DIOS NUNCA T DEJA SOLO

26/06/2025

HAY ESPERANZA EN JESUS

LIBERTAD FINANCIERAGénesis 41 : 26-36[26]Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años:...
14/05/2025

LIBERTAD FINANCIERA

Génesis 41 : 26-36
[26]Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo.

[27]También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del viento solano, siete años serán de hambre.

[28]Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón.

[29]He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.

[30]Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra.

[31]Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual será gravísima.

[32]Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.

[33]Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.

[34]Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia.

[35]Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo.

[36]Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.

[ ] EN TIEMPOS DE ABUNDANCIA Y ESTABILIDAD ECONOMICA SE NESECITA
SABIDURIA Y PRUDENCIA PARA ADMINISTRAR LA ECONOMIA

[ ] ¿Por qué algunos siempre tienen dinero… y otros viven con lo justo aunque trabajen el doble?
[ ] La respuesta no está en cuánto ganan,

[ ] sino en lo que saben sobre el dinero.

[ ] Y esa es la sabiduría que revela el clásico libro El Hombre Más Rico de Babilonia.

[ ] En la antigua ciudad de Babilonia, un hombre llamado Arkad pasó de ser pobre a convertirse en el más rico de todos.
[ ] ¿Su secreto? No fue la suerte, ni una herencia, ni un golpe de fortuna.
[ ] Fue el conocimiento aplicado con disciplina.

[ ] Arkad enseñó que la riqueza no es un privilegio de unos pocos,
sino el resultado de seguir siete principios eternos:

[ ] 1. Ahorra al menos el 10% de lo que ganas.

[ ] 2. Gasta menos de lo que ganas.

[ ] 3. Invierte tu dinero para que se multiplique.

[ ] 4. Protege tu dinero de pérdidas y malas decisiones.

[ ] 5. Haz de tu vivienda una inversión.

[ ] 6. Asegura tu futuro con ingresos pasivos.

[ ] 7. Mejora tus habilidades para ganar más.

[ ] No necesitas ser rico para aplicar estos principios.
[ ] Necesitas determinación, educación financiera y constancia.
[ ] Muchos se quejan de que no avanzan, pero pocos están dispuestos a cambiar su mentalidad.

[ ] No es magia.
[ ] Es sabiduría antigua que sigue funcionando hoy.

[ ] Si estás cansado de vivir al límite,
[ ] Empieza con lo básico:
[ ] págate a ti primero,

[ ] Invierte con cabeza y cuida cada moneda como si fuera la unica q tienes

[ ] Comienza hoy tu camino hacia la libertad financiera.

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BARRIO SAN MARTIN La Rita
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