08/21/2024
Oscar Wilde lo tenía todo a la altura del año 1890. Era respetado, tenía dinero, esposa e hijos y se había convertido en un autor de éxito. Hasta que revelaron que tenía una relación amorosa con otro hombre y fue enviado a la cárcel por sus inclinaciones homosexuales. A partir de entonces cayó en desgracia y ya no pudo recuperarse. Esta es su historia.
Un adelanto: “Un periodista, motivado por lo sucedido, aseguró (…) que Wilde tenía relaciones sexuales con hombres. Y el escritor tuvo que ir nuevamente a juicio. De hecho, hasta tuvo que escuchar cómo se leían durante el proceso algunos pasajes de su ‘Dorian Gray’ en donde, según la acusación, quedaba de manifiesto la relación homosexual de los dos protagonistas. Y aunque Oscar se defendió con inteligencia, no le sirvió de nada: el 25 de mayo de 1895 fue condenado a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading”.
Cumplida esa pena, Wilde se refugió en Normandía en donde escribió La balada de la cárcel de Reading, una obra que, como dijo en su día Francisco Umbral, constituye “la consagración de un gran poeta que nunca lo hubiera sido sin esta prueba de la vida o de la muerte”. No se olvidó, sin embargo, de Douglas, con quien se reencontró poco después, provocando el enfado de Constanza, que había abandonado Londres junto a sus hijos para evitar el escarnio público. Pero los dos hombres no estuvieron juntos mucho tiempo, pues sus familias les amenazaron con dejar de enviarles dinero si persistían en su relación. Algo, sin duda, de gran carga patética, pues demostró que el hombre que antaño había alcanzado la gloria se encontraba en ese momento en tal grado de dependencia que se veía en la necesidad de actuar en contra de sus deseos. Luego de eso, y coincidiendo con la muerte de su esposa, se refugiaría en París bajo el falso nombre de Sebastián Melmoth. Allí moriría poco después, el 30 de noviembre de 1900, apartado de su gloria pasada, casi como un total desconocido.
El tiempo, sin embargo, repararía el error cometido con Wilde. Aunque a veces le costara. Su hijo Vyvyan, por ejemplo, no pudo entrar en la universidad de Oxford por la inquina que se tenía a Oscar (por cierto Vyvyan peleó para recuperar la memoria de su padre, editando sus libros y dando versiones íntegras de sus textos, incluido ese De Profundis que escribió para Douglas cuando estaba en prisión). De tal modo que hoy su figura es tan famosa que su tumba está entre las más visitadas de París. Como homenaje a una genialidad que nunca, por ningún motivo, debió ponerse en duda.